Ha caído Karadzic, Radovan Karadzic, el genocida, el criminal contra la Humanidad, y ustedes me disculparán por no llamar “presunto” a ese hijo de perra. Al fin, trece años después, al poco tiempo de ser relevado el servicio de inteligencia del país, lo cual quiere decir lo que quiere decir y no otra cosa. Los yanquis ofrecían por él cinco millones de recompensa, pero lo han pillado en un autobús, dicen que gracias a informes extranjeros, y hay que imaginarse la conmoción que la noticia habrá causado entre los bosnios de Sbrenica y las familias de las víctimas de Sarajevo, especialmente entre las 20.000 mujeres ferozmente violadas por los serbios, hoy abandonadas en la chabola, y cuyos hijos inasumibles viven lejos en la adopción o arrastran el estigma mientras los verdugos se pasean por las calles. Todas esas cosas ocurrieron entonces pero ya han sido, en buena medida, olvidadas, como es natural, porque la memoria tiene un límite y las noticias un plazo de caducidad, pero ocurrieron y no parece que hayamos sido capaces de repararlas siquiera con la sanción de los bárbaros. Karadzic, el psiquiatra, el poeta (no es broma) que hacía versos en su juventud, el asesino sádico que ordenó y asistió impávido a una de las mayores tragedias de la historia europea, mujeres violadas en presencia de sus maridos, maridos liquidados en presencia de sus mujeres, hijos degollados. ¿Es posible castigar algo semejante, hay sanción proporcionada a una maldad tan enorme? Cuentan que, en una entrevista, ese bestia dijo que los bosnios no tendrían que contar sus muertos, sino que les bastaría con contar sus supervivientes. Pero se habla menos del abandono de las víctimas, de su perra vida, de su vergüenza (¡) por el irreparable ultraje, aunque también por su pobreza absoluta. ¿A quién interesa una viuda arrastrada rebuscando en la basura? Una película ha sacado el tema en el Festival de Berlín pero, en general, silencio. Nadie quiere saber nada ni dentro ni fuera del país. Habrá que tener en cuenta todo esto a la hora de juzgar al monstruo.

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Hay demasiadas barbaries, demasiados genocidios impunes en los últimos tiempos. En África –donde ahora se sugiere la tesis (Vázquez Figueroa, por ejemplo)  de que, bajo la excusa del tribalismo, lo que ha provocado la locura de los exterminios ha sido la explotación del coltán, ese mineral estratégico imprescindible para occidente–, pero también en esta lonja europea incapaz de hacer valer el fuero de los derechos elementales del Hombre. Ahora, ya lo verán, todo serán presunciones y derechos para el cafre, Occidente pondrá en el tablado, como tantas veces, la antigua farsa de la justicia formal, del procedimiento puntilloso, como un supremo sarcasmo tratándose de un sujeto como el doctor Karadzi, el que quiso edificar el sueño de la Gran Serbia sobre el inmenso cementerio del adversario. En tiempos lo habrían paseado por Belgrado y por Bruselas en una jaula, como hicieron con Ezra Pound por mucho menos, pero es seguro que se le otorgarán todas las garantías que son de justicia más aquellas otras con las que el narcisismo ultracivilizado gusta de engalanarse. Recuerden el teatral juicio de su amigo Milosevich, con sus gestos mussolinianos y su escandalosa exigencia de pulcritud procesal. No hay justicia, sencillamente. Ni entre los violadores y asesinos serbios ni entre los macheteros africanos, ni en las dictaduras amigas ni en las lejanas satrapías. Dispongámonos a ver en el telediario la imagen frecuente del verdugo, la imagen ya convenientemente remozada, quizá injuriando con soflamas al sentido común y al sentimiento de las víctimas. Impunes andan por ahí desde Kissinger o Videla a Mugabe u Obiang, protegidos con honores y fortunas en Suiza murieron Pinochet lo mismo que Bokassa o Idi Amín. Veremos que ocurre con este poeta vesánico y altivo y hasta dónde puede la Justicia medirse con el Mal.

13 Comentarios

  1. Es terrible cómo una palabra, Sarajevo, nos produce un frío que nos recorre la médula y al llegar a la mente, estalla en recuerdos y emociones que, como bien dice el Jefe, ya se habían quedado sepultadas por miles de hojas de periódicos que se habían ido depositando encima con más noticias tristes y sucias.

    Si la Argentina, España o Portugal acogieron en el silencio de sus haciendas o de sus urbanizaciones, a los que no corrieron más peligro en el 45 que gastarse parte del botín acumulado en buscarse acomodo en territorio amigo, la historia se sigue repitiendo y los genocidas, los ladrones, los criminales de guerra siguen contando con sus redes de apoyo y cómo este mismo prenda que nos ocupa, tantas veces ni siquiera cambian de idioma ni residencia. Basta un estudiado y conseguido cambio de luk, una apariencia entre bonachona y respetable y un trabajillo de esos que encandilan a los cuatro majarillas que prefieren las consejas de los gurús a la ‘metalizada’ realidad científica. Nada de benzodiacepinas. Un Ohmmm, alargado y todas las capacidades cerebrales dedicadas a pensar en la energía que se acumula alrededor del ombligo.

    Por cierto, el Anfi nos instruye una vez más, cómo en el fondo de estas matanzas realmente étnicas –además de religiosas- subyace casi siempre la ambición del poder, la megalomanía, cuando no la simple y llana avaricia. Que se lo pregunten a Sony cuando ha tenido problemas de suministros de coltán para sus videoconsolas, mientras se enfrentan los clanes tribales en las bocaminas.

    Luego, haciendo uno de esos alardes de valor, escribe sin cortarse un pelo los nombres de los impunes actuales que se pasean por ahí, como el dr. K que hasta tiene un famoso premio con su nombre y los galardonados con él se sienten tan orgullosos, como si Allende hubiera muerto de cáncer terminal.

  2. Interesante columna, dura como no podía ser menos, justiciera como las suele hacer don ja desde que lo conozco y lo conocí hace muchos años. Las consideraciones de Passiflora, también interesante, pewor me temo que el calor no nos depare muchas otras. En fin, casino de verano, ya se sabe. Querido ja, una vez más mi gratitud de lector.

  3. Como mi amiga Clara está fuera de juego hoy, que conste que hemos leído el artic. y lo hemos comentado como se merece. ¿ES posible tanta maldad, es factible la Justicia ante casos tan desmesurados? Esatas cuetiones, directa o indirectam. planteadas por jagm no tienen más remnedio que conmover a cualquiera que no sea un bodoque.

  4. Hoy me cuesta darle a las teclas estimada Dª Pasiflora, porque sale a la palestra de mi memoria recuerdos de los que dejan mella. Corría el año 96 cuando en casa acogimos a una chica bosnia que el año anterior había escapado por los pelos de las atrocidades del Dr. Ka, con lo que puede imaginarse lo que nos ha alegrado la noticia de su detención. Desgarradora reflexión la de D. JA, con varios megatones de profundidad. Las venas siguen abiertas pensando en la cantidad de doctores Muerte que pululan bajo palio de honorabilidad; como el Dr. Ki de marras, recibido en el mismísimo Vaticano con beneplácito para que desarrolle sus funciones reconocidas de asesoramiento internacional. Hay que reconocer que en lo suyo era un figura, impartiendo magistralmente cursos de Formador de Formadores, quiero decir de Dictadores, con contenido “cómo darle café a aquellos que no comulguen con la doctrina made in White House”. ¿Justicia? ¿No será el Diablo quién tiene los hilos que nos mueven, que diría D. Charles?.

  5. Debo contenerme ante la imagen retratada de la jaula de Ezra Pound, pero les ocnfiesdo que con enorme esfuerzo. esos canallas son, además, unos cobardes, capaces de disfrazarse de por vida, como los feroces nazis se hacían pasar por buenos padres de familia o venerables abuelos en América, donde los habían llevado entre la CIA y el Vaticano. ¿No haría falta un “ejemplar”?, pregunto moralmente confuso. Contéstenme después de la publicidad.

  6. (Desde las Islas Afortunadas).
    Gran y merecido plao a la maldad, o como prefiere decir jagm, al Mal, a ese desbordamiento de la animalidad que tantas veces ensangrienta el mundo ante la pasividad de la mayoría. No olvidemso que aquellos desmanes se cometieron con el mundo entero mirando el espectáculo, para acabar aplastando a todos sin distinción en lkos bombardeos lanzados por orden de Solana.

  7. Eso del coltán deberías ampliarlo, ja, porque es de extrema gravedad y yo, al menos, no lo había oído hasta ahora. Sé que atiendes con cuidado a las guerras desastrosas de África, por eso te lo pido y seguro que mmuchos casineros coinciden con mi petición.

  8. ¡Bienhallados, otra vez, amigos blogueros!
    Hoy me limito a pedirle a ja que se ocupe del caso del juez Gómez de Liaño, de quien lo sé amigo, proque entiendo que es una de las cosas más graves que le han ocurrido a la Justicia en esta Democracia amenazadísima. Se lo agradeceremos, seguro.

  9. En esta dirección tienen uninteresante artículo sobre la llamada ‘guerra del coltán:

    http://www.diagonalperiodico.net/imprimir.php3?id_article=3223

    La última novela, que yo sepa, de David J. Moore Cornwell, más conocido por John Le Carré, “La canción de los misioneros” es sumamente ilustrativa sobre el tema. Un tipo que, como H. Mankell, vive, estudia y se preocupa por África y está a la última, próximo a cumplir los 77. (Para que vea, Jefe, que aunque una lee ‘ficción’, procuro evitar la bazofia).

    Lo del coltán, BAZA, puede usted preguntarlo en la Sony, que hubo de retrasar el lanzamiento de su PSP3, en su lote que preparaba para el mercado chino, muy numeroso of course, debido a los conflictos de la frontera entre el Congo Democrático, je, je y Ruanda, en 2003. su

  10. (que no he terminado). El 80% del coltán -que viene muy bien explicado en la wiki- se encuentar en el área de Kivu, justo en esa frontera que digo arriba.

    Mi doña Marta, se le echa de menos.

    Besos a todos.

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