Hay quien se rasga las vestiduras porque algún labriego del secarral, allá por el Oriente andaluz, proclame por la radio su contento ante las inundaciones registradas en el Norte y, en especial, las del Ebro. Yo las lamento como el que más, y no sólo retóricamente, sin dejar de comprender al labrador a quien, a su vez, no entra en la cabeza que sea preferible ni tolerable tirar el agua al mar antes de dársela al sediento. El encabronamiento de esta política del agua es culpa partidista y nace con la estrategia del PSOE de boicotear el proyecto de PHN bajo el Gobierno del PP, para se remata cuando los “socios” catalanes de ZP, empezando por su propio partido en Cataluña, le exigen de entrada, para permitirle gobernar, cerrar el grifo de los trasvases. Hoy, viendo esos parajes inundados, esas tierras sumergidas y ese personal arruinado sería inhumano alegrarse pero no cabe duda de que salta como una liebre la evidencia de que los partidos han hecho muy mal algo que era bien sencillo y que reclaman los padres de la patria desde hace siglos. 

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