Todos hemos podido ver la imagen: un hombre fornido en medio del público que asistía en Phoenix al mitin de Obama, el rifle AK-47 (600 disparos por minuto, munición a prueba de blindajes) terciado en bandolera ante la mirada indiferente. En Phoenix no se precisa permiso siquiera para acceder a un mitin armado hasta los dientes, ni siquiera en caso de inquietante exhibicionismo. Hay demasiadas armas en EEUU y demasiada carga mítica acumulada sobre el derecho a poseerlas y portarlas, como para hilar fino en su control. No hace mucho una veinteañera era detenida en un control cuando llevaba una ametralladora antiaérea del calibre 50 mm. y a otras dos jóvenes las pillaba la policía transportando en su furgoneta trece armas largas, entre las cuales había varios ejemplares del mítico rifle exhibido por el hombre del mitin. Poco o nada tienen que ver estos pertrechos con la licencia que los propios padres de la Constitución americana decidieron otorgar a todo ciudadano como garantía de autodefensa en aquella insegura época fundacional, pero la realidad es que hay millones de armas en manos particulares en un país donde adquirirlas no requiere más requisito que los que serían necesarios para comprar un coche usado. Ni la aterradora estadística de muertes por armas de fuego que cada año se registran en aquella gran potencia resulta suficiente para oponerse a un disparate que cuenta con poderosos lobbies en su defensa y que hasta logró alguna vez que la propia esposa del Presidente se sumara a sus campañas de propaganda. El espíritu de la caravana, el psiquismo del pionero, siguen vivos en medio de la gran sociedad moderna que impera sobre el planeta, a pesar de que no puede decirse que le falten motivos para el escarmiento.

Aquí mismo, en España, hay demasiadas armas, comenzando por los varios millones de escopetas cazadoras pero sin olvidar nuestro participación activa en su mercadeo. Había armas españolas en los embargos realizados en Yugoeslavia en los días de las matanzas, las ha habido en Gaza o en Líbano y las hubo siempre en Marruecos así como en otros países africanos que han padecido razzias atroces estos últimos años. El mismo jefe del Gobierno acaba de sorprendernos con la insigne chorrada de que las armas vendidas por nuestro país a Israel no tenían un destino bélico, pero aún más grotesco resulta que mantengamos el negocio redondo de la fabricación de minas unipersonales por cuya erradicación dice luchar un comité presidido por la Reina. Un hombre con un AK-47 en bandolera, una familia armada hasta los dientes o un “niño de la guerra” posando para la posteridad, no constituyen un escarnio mayor ni menor sino una demostración pura y dura de anomia suicida. Al fin y al cabo, nosotros tenemos una pacifista que ejerce encantada como ministra de la guerra.

2 Comentarios

  1. ESpero que al menos Miller (ya de vuelta en Babilonia) intervenga para comentar la, en el fondo, dura tesis de jagm. Con la que yo estoy plenamente de acuerdo, incluso bajo esta canícula implacable, y a la espera de ver qué tienen que decirnos otrios amigos más “frescos” como nuestros Yamayor, madame Sicard, Ropón (que últimamente no se deja escuchar), Max, Clarita y tantos y tantos. El verano noe s buena época ni para echar un rato en el Casino. ¡Lo digo yo, que adolezco de artritis!

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