Hay personajes capaces de alimentar su leyenda, incluso la negra, hasta después de muertos. Carrillo es uno de ellos. Ir a la universidad de Sevilla, un poner, para avisar de que la Derecha “incita al asesinato de Zapatero” constituye un episodio que resultaría difícil de creer en un país medianamente razonable y políticamente bien educado. ¡El lobo predicando a los corderos! Cuando hace poco a Carrillo le impusieron un absurdo birrete de doctor universitario comentábamos que semejante idiotez sólo resultaba explicable desde la óptica del guerracivilismo suicida puesto en marcha por un presidente de Gobierno que se presentó en sociedad a la sombra del abuelo fusilado tras declarar en una de las revistas más pijas de la nación que él era un rojo de toda la vida. Cuando un grupo de bárbaros, similar al que ahora ha tratado de reventarle el discurso sevillano, le armó en Madrid una bronca que se saldó con algún ilustre descalabrado, hubimos condenar a los salvajes sin olvidar la provocación . ¿Qué pinta Carrillo, en plena “recuperación de la memoria”, dando lecciones de ética en una universidad? Más bien nada, por supuesto, pero tener que escucharle un alegato a favor de esa revisión historiográfica, francamente, con perdón, es algo que pasa con mucho de la raya. ¡Carrillo denunciando la falsificación de la historia, un estalinista converso, protagonista de una de las páginas más trágicas de la guerra civil, dando lecciones a los memoriosos y a los propios historiadores! Bueno, descartada la hipótesis de la demencia senil, eso no puede ser más que un acto de cinismo supino o la ingenua estrategia convencida de que le mejor defensa es un buen ataque, cuya responsabilidad, como es lógico, no cabe atribuir a él en exclusiva sino que hay que extenderla a los cómplices de la provocación.

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Nada tiene que ver el reconocimiento del papel moderado que Carrillo jugó en la Transición con el descaro que supone verlo impartir lecciones de civilidad en un momento en que la “reconciliación” que él mismo predicaba desde París hace medio siglo está siendo reducida a añicos por la ferocidad revanchista de los maniqueos a sueldo. Cuando se está jugando en muchos pueblos y ciudades a la ruleta rusa que supone reabrir la mitad de aquellas fosas comunes, el pretendido magisterio de uno de sus principales responsables, constituye un desafío a la conciencia y una provocación al espíritu de concordia. Carrillo sería un buen testigo de la tragedia, en especial si se mostrara contrito por la triste parte que en ella le tocó, pero en modo alguno puede ser admitido, encima, como un referente de civismo ni como un modelo a imitar. Que hable de sus habilidades partisanas, de su liderazgo estalinista en los viejos tiempos, del oportunismo eurocomunista, de la implacable liquidación de sus rivales, del minucioso desmontaje del Partido por antonomasia o del modo en que se deshizo de sus instrumentos más ágiles, incluyendo el de la decisiva organización universitaria, por cierto. Eso sí que sería interesante, si fuera posible, que no lo es, y no la tragicómica osadía de presentar en público al comisario político por excelencia reconvertido en seráfico paraninfo de un pasado que, para qué engañarnos, mejor olvidar. Carrillo fue una de las ruedas de molino con que durante la Transición hubimos de comulgar las dos generaciones implicadas en aquel gran salto adelante. Hoy no tenemos por qué aceptar ese impropio sacramento cuyo misterio vamos conociendo horrorizados en sus detalles macabros. ¡No nos faltaba más que el lobo predicando a los corderos! Esos fascistas que han tratado de reventarle estólidamente el acto no saben en qué medida han contribuido a reforzar la espesa ambigüedad de un personaje que si ha podido irse de rositas hasta ahora ha sido precisamente porque la verdadera Historia no fue escrita a tiempo.

14 Comentarios

  1. Me imagino que conoce el libro de su amigo César Vidal sobre Paracuellos/fosas de Katin. Usted tampoco ha ahorrado discretas críticas a aquel episodio. Pero hay otros muchos, no se olvide. Carrillo es un insensato y ja está sembrado cuando lo ve como el jugador que ataca para defenderse, pero si la historia pusier en claro lo que pasó seguro que no volvía a salir a la calle. Estamos llegando a un punto absurdo, porque no es verdad que la Historia de la GC esté por hacer ni mucho menos. Lo que está ocurriendo es que hoy se escucha lo que tienen que decir los historiadores llamados “revisionistas” y, en consecuencia, se comprende que lo que ocurrió durante medio siglo fue que media España aceptó la versión satania¡zante de Franco y la otra media el mito de la inocencia del otro bando. Carrillo no merecería respeto en ningún país del mundo democrático. Por lo menos que no desafíe al sentido común. Y una vez más, gracias por decir desde la Izquierda auténtica e independiente lo que tantos no se atreven.

  2. Hace ya mucho más de treinta años, servidora miraba con unción y respeto el carné con la firma del Cárrigan y de la Dolores, que alguien tras mucho asegurarse de que no ibas a soltar la mojarra, te mostraba, orgullosa de su clandestinidad.

    Luego, como bien -¿y cuándo no?- apunta el Maestro, una intentaba en el abrazo de la reconciliación, ay aquél poster, olvidarse de lo que minuciosamente se ha contado después, la degollina de Paracuellos, las checas que tan bien conocía el prognato de las gafitas, aunque era más difícil de digerir los veraneos junto al Mar Negro, invitado por aquel bicho del Ceaucesu, ya siendo una mayorcita.

    Hizo un papel importante, ya resaltado por el Anfitrión, en la Santa Transición, esa que ahora algunos pretenden demostrar que no existió. El ex estalinista y el franquista Juanito el Fratricida se ganaron el jornal y la jubilación. Punto. Nada de matarle el cerdo al perenne fumador, qué gran bofetada a las leyes antitabaco. Pero AHORA con la boquita cerrada estarían, LOS DOS, más guapos, aunque peque una de demasía al meterlos a ambos en un mismo saco. Pero tienen más que callar que hablar.

    Lo de la recuperación de la memoria tiene su punto. Es cierto que cayó mucho oprobio, mucho silencio, sobre muchos que no cometieron pecado alguno, salvo el de haber nacido. Es cierto que la balanza se desequilibra porque hay más sangre en el platillo de los perdedores. Como también se desequilibraría en sentido contrario si hubieran sido ellos los ganadores. Tal vez sea pronto para desenterrar calaveras aunque no veo de más que se sepa, antes de que mueran muchos mayores, dónde hay que meter la pala más adelante, cuando no sople el viento negro del rencor y se olviden las venganzas. Pero acerquémosnos todos con el mayor respeto, con la mayor prudencia, al brocal de ese abismo.

    (A mi doña Ateli: ayer contesté en un comment sus preguntas. Otro beso, dulzura).

  3. Como contemplo nuestras cosas con el Océano de por medio, me hago la ilusión de que acaso veo más claro y mejor perspectiva. En la pelea que trae ja junto a otros (y no incluyo ahora al revisionismo oportunista) para evitar en lo posible la locura de reabrir a medias las fosas comunes, veo unha muestra de entereza moral no exenta de riesgos en un país, como el nuestro, donde tan fácil resulta descalificar a alguien cogiendo el rábano por las hojas. Lo de Carrillo es lucora o es demencia, porque no le ocurre a nadie mentar la soga en casa del ahorcado pero, desde luego, a quien menos se le ocurre es al verdugo. Conocemos –la edad trea estas cosas– cada vez más hijos de víctimas de Paracuellos (alguna escribe con inteligencia y valor en El Mundo) y me figuro la gracia que les hará a estos ver a Carrillo con birrete en un Paraninfo.

  4. Se olvida de los crímenes de Carrillo como legado de Stalin, liquidación de los maquis rebeldes al partido, purgas internas, “casos” más o menos legendarios dentro del PCE (Cabello y tantos otros), sus manejos y camarillas. No lo olvide, no se pase de discreto.

  5. La vergüenza es para la Universidad que permite esa farsa siniestra. Carrillo no es un político con pasado solamente, sino alguien con las manos ensangrentadas y eso no e slo mismo. Vaya que si hizo buen papel en la TRansición se lo reconozcamos (o s elo reconconozcan usted y muchos), pero de eso a que nos dé lecciones va un abismo que no se debe consentir.

  6. Pero es que si hubiera que cerrar la puerta de la Univ. a todos los ensangrentados, imagnínense la que iba a organizar. En la Universidad española se admitieron los asesinos del franquismo como ahora se admiten a los del otro bando. Me parece que eso tiene una cierta lógica de equidad.

  7. Muy bueno eso que decía Belmonte de que Chaves no puede meterse en Marbella mientras no explique por qué el partido que dirige cometió el mismo delito por el que ahora van a la cárcel los concejales y los promotores, mangantes todos. Y mejor si elegante postura ante el foll´`on organizado dentro del propio PSOE, en Almaría, al acusar a máximo nivel de corrupta a una empresa de la que la hija del Presidente es apoderada. Siempre habrá caballeros, lo cual no se refiere a Chaves.

  8. Carrillo “sería un buen testigo de la tragedia…”. Y tanto. Eso sí que sería digno de escucharse en una universidad: su testimonio privilegiado. Se llevará consigo su secreto, pero dejará aquí la evidencia de su participación en una trágica locura. No son los fascistas quienes tienen derecho a echarlo de la universidad, sino el sentido de la dignidad de la institución.

  9. El papa acaba de anunciar que van a beatificarse otro ciento largo de aquellos desgraciados que Carrillo y otros como él se llevaron a mejor vida. No me explico por qué no incluyen a las víctimas del bando republicano (o del sector republicano). En eso la Iglesia da una muestra de insensiblidad incomprensible y envía in mensaje de parcialidad a la gente que difícilmente puede ser aceptado en conciencia. No sé qué dirá nuestro buen Cura de Pueblo, pero creo que esto es lo que pensamos muchos, quizá una mayoría de españoles actuales.

  10. Los que lo somos “ex tesis” podéis imaginarnos cómo nos ponemos al escuchar que se le da el birrete a Carrillo o a Conde, aunque la lista sería muy larga, con Franco y en democracia. Hacer doctor a Carrillo es un sarcasmo para los doctores y, una ofensa a quienes creen ser víctimas suyas. Pero, insisto, hay más de un Carrillo doctorado en falso por ahí.

  11. Habrán caído en la cuenta de que me refería a don Observador por lo de las beatificaciones. Pues insisto, amén.

  12. Duro pero ajustado a la realidad. Comparto con jagm la idea de que para mirar atrás sin ira lo primero es estar dispuestos a renunciar a simpatías y afinidades políticas. Carrillo en la universidad es un desafío al sentido común y su descaro no supone inocencia. Hubo muchos por el estilo –lincluyendo desde os de Nürenberg hasta el Campesino– que, como éste, huían hacia adelante a base de desafiar asumiendo sus trágicas responsabilidades. No hay que deshechar en última instancia la sugerencia de la columna: ¿y si fuera cosa de la demencia senil? En este supuesto Carrillo no sería tan responsable como los que lo han llevado a esa tribuna universitaria.

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