Se equivocan quienes no ven en el debate sobre el ‘lifting’ de Belén Esteban más que motivo de cháchara propiciado por la inopia nacional. Y no sólo porque los rostros remodelados sean muchos y famosos, aparte del suyo, sino porque lo que está en juego en este delicado momento de nuestro psiquismo colectivo no es tanto la originalidad de las imágenes como el hecho crucial de que la imagen misma haya perdido su firme estatuto noológico para pasar a ser una realidad veleidosa en manos de cualquiera. Cosas y figuras no son ya lo que eran en la medida en que han sido despojadas de su apariencia estable para convertirse en un plasma dócil y moldeable a voluntad. La ciencia, que había de garantizarnos un conocimiento más firme de lo que las cosas son, nos anda tomando el pelo con sus ardites de modo y manera que ya ninguna de aquellas puede considerarse fija en su imagen sino a merced de la generosa o malévola manipulación que de ellas quiera hacerse. Si no salimos del lío de las fotos famosas que han resultado fraudes, desde los trágicos montajes bélicos de Robert Capa a las instantáneas de Franco y Hitler en Hendaya, ahora resulta que ni siquiera la espléndida foto del lobo saltador de vallas que ganó el máximo premio a la fotografía de la Naturaleza salvaje, el Veolia BBC Wildlife, era auténtica, en el sentido de que no correspondía a ningún lobo feroz sorprendido por el cámara, sino a un lobito bueno, de nombre ‘Ossian’, amaestrado como modelo para ‘actuar’ en sesiones de foto y cine. Estamos viviendo una revolución icónica que concierne a la propia identidad a través de la imagen. Platón no saldría hoy de su asombro viendo lo que es capaz de hacer con sus ‘ideas’ el paredón de la Caverna.

La misma hilarante historia del diputado Llamazares manipulado por el FBI hasta convertirlo en Bin Laden debe servirnos de aviso sobre la escasa fiabilidad que va teniendo ya el imaginario y sobre la falta de consistencia de lo real, igual da que hablemos de lo “real maravilloso” que de la realidad más cutre. Era mentira aquel bello salto del lobo, falsa su proeza nocturna y falso él mismo, por no hablar del tramposo de su retratista. Lo malo es que esa evidencia no resolverá esta especie de sublimación de lo verdadero que tan irreversiblemente compromete nuestra propia capacidad de conocimiento, hace tiempo cuestionada por sabios como Richards o Morin. De un Juzgado de Marbella desapareció un sumario que amenazaba a Gil y de uno sevillano un video que comprometía a Chaves. Supongo que de todos los lobos posibles quizá el menos inquietante es nuestro lobo saltarín.

9 Comentarios

  1. Vuelve don gm a las filosofías, verdaderos ensayitos deliberadamente ofrecidos a un consumno efímero: una gran pena. ¿Para cuándo un librillo son estas joyitas que duran 24 horas? Es una pena, créeme, este despilfarro. La columna de hoy tiene una profundidad que ya la quisieran para sí muchos ensayistas fiólosos que yo me sé. (Y tú también). Por lo demás, de acuerdo pleno en tu tesis.

  2. Hoy querido, todo se está convirtiendo en un “escaparate” público. Y es que a eso conduce la libérrima manga ancha al “MERCADO”; que TODO lo convierte en mercancía.

  3. La falsificación de la realidad no es lo mismio que su inconsistencia. Lo que en esta sociedad cse hace desde muchos ángulos es ni más ni menos que falsificarla, desde el descurso oficial hasta la tertulia de telebasura. Ofrezco esa clave para completar lo que propone la columna.

  4. El problema que me sugiere la reflexión que hace hoy gm es el de la creciente infiabilidad de la información. Mientras le hombre se informó básicamente por sus sentidos o contactos directos, la cosa marchó mejor o peor. Curiosamente es el boom informativo el que ha facilitado la falacia y con ella el descrédito de la noticia.

  5. Jefe, cada vez me conmvenzo más que, incluso en el caso de nuestros avezados casineros, la lectura periodística condiciona el mensaje y aumenta la dificultad de su comprensión. Creo que el tema ejemplifica muy bien un problema grave que estamos viviendo como sociedad, el progresivo escepticismo provocado por la falsedad de las noticias con que se nos bombardea. Su trasfondo filosófico me parece de lo más interesante.

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