Cuando el presidente Obama se empeñe este otoño en su triple apuesta –salir de la crisis, mejorar el medio ambiente y reformar la sanidad- va a encontrarse con algo que existe en todas partes pero que en EEUU no se oculta sino más bien todo lo contrario: la acción opositora de los ‘lobbies’ legalmente constituidos en las propias Cámaras, que, en representación de sus “clientes” y no de los electores, forzarán la máquina para lograr los objetivos que le interesen e impedir los que pudieran perjudicarles. He leído con estupor en un informe de una asociación cívica de prestigio, la “Common Cause”, que esos grupos de influencia han gastado en lo que va de año, “sólo en oponerse al proyecto de universalización de la sanidad”, la espectacular friolera de 1’4 millones de dólares diarios destinados a “influenciar” al Congreso, o lo que es evidentemente lo mismo, a corromper a los congresistas. Es cierto que en esta aventura, a los ‘lobbies’ los anima seguramente el anunciado propósito de Obama de enfrentarse a esas desaprensivas instituciones que ni siquiera se toman la molestia –como hacen por todas partes– de disimular su antidemocrático propósito ni la índole agiotista de su concepción de la gestión pública. Pero aunque así no fuera resulta explosiva la existencia misma de una organización política que, al amparo de una ley inexplicablemente cínica, se dedica a conseguir lo que a las grandes empresas interesa sin la menor consideración por el interés público. Insisto, en todas partes cuecen habas y aquí mismo funcionan como un reloj esas partidas dedicadas al fomento de la venalidad en el ámbito de la vida pública, empezando por los partidos con poder pero sin olvidar a las altas instancias económicas. Un alto juez acaba de decirnos que los ricos disfrutan de mayores facilidades ante la Justicia. Lo que no nos ha dicho es que ante al Política también.

Debo insistir, en todo caso, en que el sistema americano de influenciación política –existente ya en tiempos de Tocqueville—resulta especialmente desmoralizador en la medida en que se mantiene la presunción de grandeza para aquella democracia. ¿Cómo admitir, en efecto, esas derramas de dinero privado en los despachos congresuales, cómo tolerar que una industria de la salud, por ejemplo, destine caudales millonarios a corromper a los electos para impedir una reforma sanitaria que no conviene a sus intereses creados? Puede que Obama acabe ganado esa batalla, incluso sin Ted Kennedy y posiblemente en términos pírricos, pero el escándalo de la presión lobbística descalifica, con independencia del resultado de las batallas, al sistema de libertades en su conjunto. Marx se divertiría mucho leyendo el informe citado. Al fin y al cabo no hace más que pintar el mecanismo espurio del Poder tal como él lo describió hace tanto tiempo.

6 Comentarios

  1. Gracioso error en el título. Compruebo en la edición de papel del periódico que han cambiado “lobby” por lobo. ¿Y no viene a ser lo mismo después de todo? Leída la columna de hoy, parece que sí.

  2. ¿Por qué nos sorprendemos tanto de la práctica de los “lobbies” en USA? ¿Acaso no es la misma que en España (o en Francia, o en Alemania…) funciona dentro de las estructuras del poder político-administrativo? Si me apuran, la representación empresarial o los sindicatos son también lobbies, aunque por razones más aceptables. Pero ¿no ven quye las gasolineras se ponen de acuerdo para subir los precios, que la banca cobra indebidamente lo que se le antoja, que las aéreas hacen lo que les da la gana, que la farmaindustria tiene trufado el poder…? Quizá diría que al menos en USA tienen los redaños de reconocerlo, mientras que aquí…

  3. No es la primera vez que se enfrenta aquíel tema de las grandes virtudes de la democracia USA con sus también muy graves defectos. La batalla de la sanidad será larga y dura y mucho me temo -adiós, profeta- que el resultado será máomeno una ampliación de los Medicare y Medicaid, o sea, una extensión de la beneficencia con mayor cobertura a los parias.

    No es un lobby, sino una manada de lupercones poderosos la que se va a enfrentar al negrito como pretenda un sistema público de salud a la europea. Comprueben cuales son los grandes apellidos, de burros y elefantes, que se estabulan tras el inmeeenso negocio de la sanidad americana, para comprender que casi nadie va a mover un dedo para variar mucho el statu quo. Por otra parte, el negrito tampoco va a enfrentarse al fuego amigo, que puede hacerle arder el culo.

  4. Con temas semejantes se ven los límites de la democracia.
    Me parece interesantísimo ver como van a evolucionar las cosas.
    Besos a quien leyera.

  5. Con la Sanidad ha pasado lo mismo que con el reconocimiento del matrimonio gay, al final el logro conseguido no se emplea, tanto egoismo no les acerca a adoptar niños para perder su independencia, el objetivo se consigue pero luego todo queda en papel mojado, no se ejercita y al final solo para decir que todos tenemos los mismos derechos, pues no es asi, los que mandan son los mismos

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