Aquí el Estado es aconfesional, incluso laico según algunos que no se han leído la Constitución, pero a la hora de los disturbios ahí tienen a los barandas llevándole rosas (rojas, por supuesto) a la Blanca Paloma. Aquí no hay quien no se proclame campeón de la austeridad pero a la hora del convite vean cómo va subiendo la factura del casoplón de la Dipu en la Aldea, donde cada mañana aparece un cargo nuevo, que si sillas, que si cocinero, que si servicio, que si seguridad, que si parque móvil, etcétera. Mientras los ciudadanos contemplan indignados el abuso de unos pocos y el silencio de un partido que, probablemente, no sabe ya qué hacer a estas alturas, pero en el que muchos militantes se suben por las paredes ante la desvergüenza de sus compis. (Por cierto, la encuesta virtual de la competencia ha dejado de mantenerse extrañamente “clavada” en el 82 por ciento en contra, para bajar la protesta poquito a poco, providencia tan inútil como inverosímil). “Villa Cejudo” promete ser, en todo caso, al atractivo de esta romería en la que algunos sociatas, para no ser menos, han puesto casa grande como la condesa de París.

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