Nunca fue bueno para la democracia el liderato prolongado y menos el vitalicio. Ni siquiera cuando ese liderato conseguía, por lo que fuera, el refrendo popular, porque hay muchas maneras de atraillar las voluntades legalmente aparte de que el pueblo soberano puede equivocarse e instaurar una dictadura. Y más si no se ven por ninguna parte en el líder las señas del carisma o las prendas del talento. Chaves, por ejemplo, puede autopostularse candidato para el 2012 lo mismo que para el 2016, pero eso no puede entenderlo nadie en Andalucía, incluyendo a mucho personal de su propio partido, en el que su decisión implica que no tiene relevo posible. No hay líder bueno si se eterniza en el puesto. Eso vale para los tiranos, pero también para Fraga o para Chaves.

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