Los editores españoles han proclamado en Sevilla una cosa estupenda: que el fracaso escolar se debe al sistema de préstamo de libros. Dicen esos vendedores que “el alumno debe usar el libro, subrayarlo y estropearlo (sic), el niño tiene que ser el propietario (¡) del libro, al margen de contar con el apoyo de las bibliotecas escolares”. ¿Qué les parece? Pocas veces he escuchado un alegato cultural más mediatizado por el negocio y menos aún recomendaciones como las que anteceden, tan impropias, se miren por donde se miren, desde la perspectiva educadora, con independencia de que, desde el negocio mismo, puedan estar justificadas. El libro como instrumento imprescindible no puede someterse a las exigencias del mercado en una sociedad desigual porque le convenga a quienes viven de él, ni tiene el menor fundamento que el hecho de compartirlo entorpezca la enseñanza. El libro necesario es una mercancía. De lo que se trata, precisamente, es de que deje de serlo.

1 Comentario

  1. En Francia los libros escolares son prestados por la escuela , hasta 4° de bachiller pienso (le collège), y luego, en el liceo, la mayor parte de las familias los alquila a las organizaciones de padres de alumnos que tienen un sistema de préstamo muy bien montado. Se compran sólo los libros nuevos. Y se vuelven a vender a mitad de precio en cuanto terminas el año.

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