Otra vez un pronunciamiento favorable a las balsas de fosfoyesos –ahora de los expertos de la Comisión Europea—y de nuevo la protesta de los críticos que reclaman, con razón, que estas “visitas” deben hacerse con luz y taquígrafos y no con nocturnidad y alevosía. Ahora vendrán los europarlamentarios y darán, a su vez, otra opinión que sumar a las innumerables ya emitidas. Todo menos formalizar una inspección aprobada por todos que de una vez para siempre despeje las dudas, lo mismo en este contencioso que en el provocado por las denuncias de insalubridad de nuestra tierra. Es triste pensar que si quien gobernara fuera el de enfrente, probablemente los papeles se invertirían entre defensores y críticos, porque eso indica que lo de menos para la política es el interés público.

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