En los portales de Internet más populares de China las autoridades han prohibido la palabra jazmín. Es la reacción lógica a las provocaciones de ciertos agentes difícilmente identificables que vienen incitando virtualmente a la población a seguir el ejemplo de de las revoluciones vividas en los países árabes de las que ha terminado por ser símbolo el jazmín que triunfó en Túnez. Estos mismos días se han registrado tanto en Pekín como en Shanghai sendos fracasos de convocatorias aplastadas de antemano por dispositivos policiales realmente disuasorios, confirmando una vez más la discreta tesis de los sinólogos de que la circunstancia china difícilmente puede equipararse a la de otros países y mucho menos a la de esos que ahora andan sacudiéndose el yugo, en muchos casos secular, de sus tiranías. ¿Es Internet realmente la panacea para la movilización, son esas revoluciones el efecto de su llamada y, sobre todo, cabe imaginar que el dominó que acabamos de ver desplomarse ficha a ficha puede alcanzar a realidades tan distintas y lejanas? Es muy probable que aún no haya perspectiva adecuada para analizar los sucesos de Egipto, Túnez o Libia pero, desde luego, parece poco claro que esa sorprendente explosión que ha pillado por sorpresa a todos los servicios secretos del planeta, incluidos los propios, haya obedecido a una llamada anónima capaz de arrastrar masas semejantes. Ese milagro de la Red ha podido contribuir decisivamente a levantar pueblos contra sus regímenes  pero sin duda el factor fundamental para este fracaso encadenado hay que buscarlo en la debilidad insospechada de unas tiranías que habían abusado de sus pueblos respectivos hasta provocar la desafección que los hechos han descubierto. Nada que ver, en todo caso, con la situación china, en la que ni siquiera las dramáticas diferencias sociales resultan aún significativas frente a un paisaje bonancible y a unas expectativas de crecimiento sencillamente espectaculares. Esos jazmines no dejan de ser testimoniales.

 

Sostenía hace años el gran hegeliano Alexandre Kojève que así como los yanquis dan la pinta de chino-soviéticos enriquecidos, los rusos y los chinos no son más que americanos todavía pobres pero en vías  rápido enriquecimiento. Y si algo no es dudoso hoy sería esa formidable expansión económica china por todo el mundo que nadie es capaz de descifrar a fondo y menos de traducir a nuestros dialectos libres. El jazmín chino no ha brotado siquiera todavía. A los jazmineros en almoneda del norte de África les ha bastado para brotar pujantes el simple gesto connivente del jardinero.

4 Comentarios

  1. Es muy grave lo que está ocurriendo en esa zona y lo peor es que nadie parece irse dando cuenta sino a medida en que las cosas van convirtiéndose en realidades aplastantes. ¿De verdad sirven para algo los costosos servicios secretos que no habían sido capaces de atisbar por lo menos la debilidad de un tío como Gadafi que llevaba tantas décadas en el poder?

  2. Nada tiene que ver China con estos países árabes. Ni en su estructura, sin en su mentalidad, ni en su misma ubicación geopolítica, tan marginada de nuestra esfera. Las tiranías que están cayendo tenían los pies de barro y ese no es el caso de China. Dentro de años, un decenio como mínimo, hablaremos. Hoy por hoy, al 7 por ciento de crecimiento, no tiene sentido especular con un posible cambio político.

  3. No pareec que haya relación, son mundos muy distintos. Además el papel de Internet se ha sobrevalorado y no tiene sentido atribuirle esa capacidad revolucionaria. China está muy lejos, es muy verrada, está viviendo un sueño muy raro pero que da de sí cientos de millonarios al día (no es exageración). Y los parias del interior, de la China profunda, no tienen Internet y siguen más o menos como vivían bajo la dictadura de Mao. Tendrán que esperar para pensar en un cambio, o mejor dicho, tendrán que cambiar ellos primero.

  4. Estoy con don Lupo. ¿No será también que finalmente el modelo francés u occidental se ha impuesto a la imaginación de la juventud árabe? Recuerdo que en la España de los 60 se hablaba mucho de la influencia de los turistas pero ninguna, ni siquiera en los años 70, de los emigrantes. No tengo conocimiento de que se haya estudiado esto correctamente. Creo que lo mismo pasa con los Magrebíes, y en particular de la juventud. Al contrario China es un mundo aparte.
    Besos a todos.

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