El jarrón roto

Lo de ayer en Cataluña no hay quien lo entienda. Empezando por esa opinión pública que se emperra en presentar el disparate como la consecuencia de la privación del derecho a votar y siguiendo por la extravagante impunidad de unos sediciosos flagrantes –están ya a un paso de Maciá— que el gentío no comprende cómo pueden andar aún en libertad. Vivimos ayer un auténtico asalto a la razón pero, por desgracia, todo indica que la opinión pública prefiere insistir en el tópico de la inacción del Gobierno antes que considerar la enorme dificultad que entrañaba el desafío. Y eso sí, los añicos del jarrón nacional no habrá quien los recomponga, al menos en mucho tiempo. Un laberinto de irresponsables a cual más insensato. Apena pensar lo fácil que podía resultar romper entre unos y otros esta vieja nación.

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