Un “posit”, el papelito adhesivo ése con que los barandas se pelotean los expedientes unos a otros, le bastaba a la Junta para adjudicar una subvención con cargo al “fondo de reptiles” de Empleo. Ni expedientes hacían a la hora de repartir esa fortuna, nada querían saber de la Intervención y ni siquiera exigían recibos a los que trincaban. Como si fuera suyo el dinero, vamos, o como si la Administración, con su orden y sus leyes derivados de la necesidad democrática, estuviera demás para ellos, “elegidos” responsables sólo ante Dios y ante la Historia. Éste de las prejubilaciones ha dejado de ser ya un enredo político para convertirse en un imprescindible asunto judicial que no puede detenerse en el nivel de los directores generales sino continuar hasta la cabeza.

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