No hay una sola causa que explique la arbitrariedad con que funcionan las Diputaciones, sino que hay muchas, entre ellas y sobre todas, la lentitud de la Justicia y el irreversible beneficio político que comporta la política de hechos consumados. Ahí tienen a la Diputación de Almería coleccionando autos y sentencias adversas como si oyera llover –lleva reunidas en este momento veintinueve nada menos–, como un ejemplo señero del régimen de arbitrariedad en que se mueven esas instituciones obsoletas que nunca debieron sobrevivir a la descentralización autonómica y que funcionan, en realidad, como gran silo y asilo de los partidos que las gobiernan. Algo debería poder hacerse cuando una institución es reprobada veintinueve veces por la Justicia pero no hay nada que hacerse pueda, al parecer. Con las Diputaciones no queda otra solución que, como tantos políticos confiesan ‘off de record’, ir pensando en disolverlas en un régimen autonómico con todas las de la ley. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.