Desde un pesimismo que no deja de resultar tentador, el filósofo brasilero Olavo de Carvalho, tituló hace años su ajustada e hilarante crítica a la sociedad donde vive como “O imbecil coletivo”. Mirando hoy alrededor en nuestra propia sociedad, la verdad es que resulta sugestivo ese concepto que viene a ser muy durkheimiano y quizá también muy próximo al elitismo de Ortega en la medida en que desde todas esas posiciones ideológicas se comparte la idea de que son las masas y no los individuos quienes, con el consiguiente peligro, protagonizan la vida social. Nuestro imbécil colectivo viene dando muchas muestras de idiocia pero acaso ninguna tan extravagante como la operación nacionalista de convertir una final de la Copa en una demostración de antiespañolismo y de desprecio por las instituciones y símbolos constitucionales­ más señeros. Cuando en Francia la hinchada se dedicó a silbar la Marsellesa en los estadios, Sarkozy dispuso, sin pensárselo dos veces, que allí donde se repitiera el caso fueran suspendidos los encuentros, y ya pueden imaginar cual sería la respuesta de la autoridad en los Estados Unidos si una masa dirigida tratara de reventar un acontecimiento nacional despreciando la bandera o insultando a viva voz al Presidente. Claro que las masas no surgen por generación espontánea sino cultivadas por las elites, se mueven no poco inercialmente agitadas por motivaciones ideológicas que les llegan desde arriba, como en este caso extremo de la final copera que ha contado con ese aliento nacionalista especializado en crear problemas donde no tiene por qué haberlos, para repetir la lamentable exhibición registrada en alguna ocasión anterior. Se invoca la libertad de expresión de las “aficiones” como si no fuera evidente que de lo que se trata es de una planeada estrategia de ciertos partidos políticos para transformar un acontecimiento deportivo de máxima difusión en un escándalo político, y eso no es más que deslealtad institucional, por más que no creo que resultara fácil convencer de eso al imbécil.

Estamos que nos caemos, vivimos momentos dramáticos y no sólo en el país sino en medio mundo, atravesamos una auténtica crisis de civilización tras la cual pocas cosas volverán a ser lo que eran, y en esa coyuntura fatal los nacionalistas no tienen mejor ocurrencia que soliviantar al imbécil colectivo y enviarlo a reventar la final de la misma Copa en la que participan y a la que aspiran. No hay maquiavelismo más despreciable que esta utilización de la masa, esa bestia elemental movida por el instinto y la sinrazón en que se convierten los individuos abducidos por las pasiones. Los manejan como quieren precisamente por eso.

5 Comentarios

  1. Lo malo es que lleva razón don jagm: una “afición” es una masa, y se está alentando la acción de esas masas sin el menor sentido d ela responsabilidad.

  2. Me cuesta entender esta columna como alegato elitista, sabeindo que al eutor no es nada que se parezca a eso. Es verdad que se está utilizando sin la menor responsabilidad a esas “aficiones”, puros instrumentos de los independentistas xenófobos.

  3. Don José António, creo que eso ya era así en tiempos de Roma.
    Nada nuevo bajo el sol, me temo.
    Pero estoy harta de que todo y siempre no empuje hacia abajo….
    Besos a todos.

  4. Las “aficiones”, ese monstruo. Fino análisis el de hoy, y oportunas las citas de Ortega y de ese inteligente filósofo brasileño que no conozco. En demasiadas cosas nos comportamos con el imbécil colectivo, teledirigidos y obedientes. Esto no es elitismo es sociología.

  5. Tengo dificultades para enviar mi comentario. Expreso solamente un saludo para todos los amigos a propósitom de esta columna tan orteguiana.

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