En buena hora decide el “Gobierno del cambio” sustituir la vieja ley de la Función Pública por una nueva. La vigente se gestó a mediados de los años 80 y su proyecto –del maestro Alejandro Nieto—fue “acomodado” luego al deseo político por otras manos. Y dice la actual Junta que pretende ofrecer un nuevo modelo de oposiciones no basado en la memoria sino “en las capacidades y habilidades” de los aspirantes. ¿Y qué es eso señor Bendodo, cómo se prescinde de la memoria y, sobre todo, como se sustituye ésta garantizando la idoneidad del opositor? ¿Se imagina lo que pueden hacer los partidos (¡todos!) si se pone en sus manos, con cualquier subterfugio, la elección del funcionariado? La inmensa mayoría de quienes nos gobiernan no hicieron nunca una oposición: ¿será ése el auténtico motivo del nuevo criterio?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.