No me ha sorprendido tanto la hilarante ocurrencia de las Juventudes Socialistas catalanas de presentar a Montilla como “el increíble hombre normal”, como el hecho mismo del redescubrimiento de la normalidad como motivo propagandístico y, en consecuencia, como presunto valor electoral. Pocas dudas caben sobre que Montilla entre en esa categoría, en principio, porque lo extravagante sería que se pretendiera situarlo entre los seres dotados de esos carismas especiales de los que, evidentemente, carece. Por eso digo que lo llamativo de la ocurrencia es el redescubrimiento mismo de la normalidad, el hallazgo creativo que supone ensalzar a un sujeto privándolo expresamente de cualquier característica extraordinaria, y rizar el rizo metafórico de que si ese sujeto es normal –corriente, quiere decirse— resultara atractivo, no lo sería por su capacidad portentosa sino por poseer virtudes triviales como el acierto de mantener abierto el metro en la madrugada del sábado noche o el de aumentar la inversión en formación profesional. No cabe duda de que la propia imagen de Montilla sugiere y propicia esa idea del “medius” que constituye la mediocridad en su sentido estricto –Justino habla del “mediocris vir” para referirse al hombre de la calle–, ni de que semejante descubrimiento en el imaginario político plasme el ideal mesocrático que excluye la excelencia por más que la postule en la teoría/propaganda. ¡Y quién no es normal visto de cerca si ya sabemos lo que piensa el ayuda de cámara del gran hombre! Sócrates debió de ser un hombre muy normal fuera del retrato platónico, el teniente Bonaparte no parecía tener nada de especial mientras anduvo de guarnición, es probable que Luis de Baviera no hibiera sido sino un hombre vulgar de haber nacido en una familia modesta. Orientar la publicidad de Montilla hacia la normalidad no es más que uno de esos aciertos que impone la propia realidad.

 

La imagen de Montilla disfrazado de Superman es un vulgar esperpento pero subrayando su normalidad de antihéroe, constituye una inocente confesión de parte, algo así como una elocuente parapraxis, como un lapsus de esos que revelan justamente lo que la conciencia trata de ocultar hasta hacerlo resonar a todo trapo como el corazón delator de la fábula de Poe. Montilla no ha logrado siquiera acercar su “mediocritas” a la gama áurea de que hablaba Horacio no sin un deje de resignación. Es un tipo corriente de tantos como la suerte quiso que estuvieran en el lugar apropiado en el momento justo. Un tipo vulgar, incluso, a juzgar por los resultados. Desde que el ingenio guasista de Ruiz-Mateos lo puso a prueba, nunca Superman había caído tan bajo.

5 Comentarios

  1. Son tan tontos y engreidos que llegan a creer que el reconocimiento de su “normalidad” es necesario. Si ustedes repasan las nóminas de la dmeocracia comprobarán cómo han descendido los niveles de formación y categoría hasta dar en este asilo de arrecogíos, alhgunos hasta sin bachiller.

  2. Yo creo que puede ser que uitilicen ese adjetivo para distinguirlos de “subnormal”, que es lo que son muchas veces. Esa foto de Superman habla por sí sola. ¿Son tontos, ustedes que creen?

  3. YA HAY QUE TENER POCO QUE DECIR DE UN CANDIDATO PARA SUBRAYAR QUE ES UN HOMBRE NORMAL. Montilla es ubn mediocre a ojos vista, que ni siquiera ha sido capaz de aprender, como buen charnego, el catalán que trata de imponerle a los demás. Un pringao de tantos como hacen carrera en los partidos. ¿Se extrañan de que nuestros jóvenes no se sientan motivados a la hora de estudiar largas carreras?

  4. Lo que no es normal es lo que está ocurriendo en España. Zapa, sí, Zapa es de lo más normalito, rirando a bajo.

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