A muchos nos ha dejado de piedra, ¡pobres pardillos!, la noticia de que los iconolastas de WikiLeaks han hecho pública una ficha de los servicios americanos en la que constaban datos tan exclusivos como los teléfonos personales del Rey o del Presidente del Gobierno. Es la culminación, por el momento, de un movimiento dirigido, al parecer, contra todos sin distinción, “erga omnes”, justificado en la idea de que nada debe permanecer secreto porque todo secreto es sospechoso al menos desde que Marcos, no poco enigmáticamente, dijo aquello de que “No hay nada oculto que no debe ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse” (Mc, 4, 21-25). Aviados vamos con esa perícopa, ciertamente, pero eso es lo que se despacha esta temporada en una vida pública cada día más concentrada en un ciberespacio que viene a ser el ágora en esta insegura ciudad postmoderna en la que, como si se tratara de ratificar la visión mitológica, el ojo del Gran Hermano ha resultado ser múltiple como el de Argos. Nada puede defendernos, según parece, contra la vigilancia de Anonymus, ese ejército secreto que se estrenó atacando por sorpresa a la Iglesia de la Cienciología y dicen los sociólogos que ha logrado dar a la militancia (de lo que sea, del bien o del mal) esa dimensión y esa capacidad de acción inconcebible hasta ahora que ha convertido a sus enmascarados en el más imprevisible Robin Hood tras convertir nuestras intimidades en un medroso bosque de Sherwood. “Estamos en todas partes y en ninguna a un tiempo, nuestra fuerza está en nuestro nombre”. Ni las ficciones más audaces del género habían entrevisto siquiera la posibilidad de un hombre invisible multitudinario y universal que, de momento al menos, escapa a todo control y se ríe de todo poder, poniendo en almoneda el secreto de todos y de cualquiera no sabemos ni bien ni mal con qué intención ni con qué límites.

La gran característica de esta realidad es su carácter aparentemente espontáneo, la ausencia de toda jerarquía, el igualitarismo radical de todos y de ninguno que en ella se observa, y yo me pregunto si debemos ver en ello un trueno democrático o un relámpago ácrata, no niego que inquieto ante tan grave fracaso de la intimidad, ese reducto irrenunciable de la persona libre. Cualquiera puede ingresar en esa oscura cofradía, ya lo sé, pero no sin entornar simultáneamente la puerta de propio refugio. Y yo creo que una cosa podría ser la “sociedad transparente” y otra muy distinta la sociedad en almoneda. Un tío repartiendo a dos manos el teléfono secreto del jefe del Estado no es una amenaza para ese prócer sino para el grueso de los peatones.

12 Comentarios

  1. No se crea eso de la no-jerarquía, don ja, y menos lo del carácter espontáneo del que seguramente es un fabuloso negocio. Lo interesante es lo que apunta la columna sobre la inseguridad progresiva producida por unos avances tecnológicos que van mucho más aprisa que nuestra conciencia y nuestras normativas.

  2. En mi opinión, de lo que se trata es de hacer negocio con los secretos ajenos, nada esencialmente diferente a lo que hacen los cotillas de la telebasura. Estos de wikileaks no hacen más que poner precio (dinero, popularidad…) a sus chivateos.

    Sdos.

  3. También creo que lo de la “transparencia” no es más que un disfraz del negocio. Aparte de que no esté de acuerdo con la actuación de la Justuicia en este caso, lo que no entiendo es que pueda defenderse un tipo de acción semejante.

  4. ¡El bosque de Sherwood! Esta generación de “bandidos generosos” (y jagm sabe lo suyo del tema) nada o casi nada tiene que ver con el mito. Hay un negocio tras cada una de esas iniciativas y no son las guerras ni las injusticias lo que las provocan sino el interés. Lo asombroso es el desarme del popder, su impotencia ante los desafíos. Y el miedo reverencial al qué dirán los ultraliberales…

  5. El origen de todo esto está en la Red, hay inventos que suponen grandes beneficios pero también riesgos en consonancia. ¿Como podemos “colgarnos” todos en el espacio y no correr el riesgo de que nos invadan la intimidad? Si alguien lo sabe que me lo diga.

  6. Esa pregunta que hace Niquito está muy puesta en razón. Yo la repito con mucho gusto y más inquietud.

  7. Es una locura no manejar con tacto los saltros tecnológicos, pero eso es algo que no resulta “correcto” decir hoy en voz alta. Yo lo digo aquí, en mi rincón del Casino, en voz baja, para ques me oiga.

  8. Un peligro ante el que me parece que es imperativo tomar postura clara. Espero que la de jagm sea rechazar esta novedad del pirateo de alto nivel que pone en peligro tantas cosas.

  9. La pregunta es sencilla: ¿a quién le gustaría ver su telófono repartido a todo el mundo o su correspondencia pirateada? No vale decir que lo que los Wikis hacen es “lucha política”. Contéstese esa pregunta con el corazón en la mano.

  10. Lo interesante, a mi juicio, es al vulnerabilidad absoluta de los secretos de Estado que demuestran esta sacciones insólitas. Nunca habíamos visto algo parecido, jamás la gente tenía acceso a los archivos reservados del Poder y menos la posibilidad de divulgar su contenido. Esto será muy “curioso” pero a mí me resulta de lo más intranquilizador porque si WikiLeaks lo hace también lo puede hacer Al Queda, ¿o me van a decir que no?

  11. Pues no sé, las cosas no me parecen tan claras.Me caen simpáticos estos Zorros, para evocar a alguien más cercano a lo español. En cuanto a los secretos divulgados tampoco acierto a hacerme una idea clara de ellos: a veces me parece gracioso y otras triste….. Tambien se me occurre que mi telefono, jamás lo divulgarán porque no interesa a nadie. Ser poderoso tiene sus riesgos….que tampoco me perecen tan tremendos. Si a uno le molesta que le llamen por teléfono que cambie de número…. Así de fácil….
    Besos a todos.

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