Una viva reacción ha acogido en casi toda África las palabras del ex–presidente Chirac afirmando que el hombre africano no sólo habría entrado en la Historia sino que fue el primero en entrar, afirmación dirigida como un  torpedo dialéctico bajo la línea flotación de Sarkozy, quien habría expuesto en Chad, al principio de su mandato, que la situación lamentable del continente se debía justo al hecho contrario, a saber, a que el hombre africano no había ingresado suficientemente en la Historia. Es lo que pasa por confundir, quizá deliberadamente, Historia con Prehistoria, que es una de las fórmulas más acreditadas de que el neocolonialismo ha dispuesto en su abarrotada panoplia. He recordado a este propósito un artículo que Frobenius (el etnólogo, no el matemático) publicó, allá a finales de los años 30 del siglo pasado, bajo los auspicios de Ortega, y en el que revelaba testimonios bien concretos de viajeros que habían atestiguado la existencia de una vasta y rica civilización urbana en el luego asolado continente, porque sospecho que ni Chirac ni Sarko estaban pensando en esa fabulosa leyenda inexplicablemente olvidada en nuestra historias de la civilización. También nosotros los españoles del sur tuvimos nuestra “historia antes de la Historia” como atestiguan sin género de dudas los viajeros clásicos y, sin embargo, igual que los africanos, hubimos de aguardar largos siglos para entrar de nuevo en ese orden de la memoria que funciona como el gran legitimador cultural de la especie. Una simple ojeada a la crónica de la aventura humana nos deja bien claro que el progreso de los hombres y el auge de los grupos no ha sido en absoluto lineal sino, muy al contrario, quebrado o zigzagueante. De Atapuerca a esta nueva Babilonia el Hombre ha vagado hacia su futuro atenido a condicionantes que escapaban a su conciencia. Nuestra propia experiencia actual demuestra que, de hecho, a estas alturas, sigue sin saber a dónde va.

 

A los colonialistas –que venimos a ser todos los occidentales—nos costaría asumir el cuadro que pintaban los testigos de Leo Frobenius: todavía monsieur D’Elbé, visitando el reino de Dahomey, hubo de ver, “desde la costa hasta muy dentro del país”, terrenos cultivados, jardines deleitosos, grandes aldeas, ciudades con miles de habitantes trazadas a cordel y bordeadas de altas palmeras, ricos vestuarios, mujeres enjoyadas y casas “construidas con mucho gusto”. Es Europa la que “descubre” el negocio de África y la que, en consecuencia, hace retroceder al indígena hacia una prehistoria sustituida bruscamente por la realidad colonial. El resto bien lo conocemos sin necesidad de que los políticos medien con sus interpretaciones. Ésta tan reciente sobre la historicidad del africano, sin ir más lejos, no es más que la expresión de un complejo de superioridad que no entiende el presente probablemente porque nunca entendió el pasado.

9 Comentarios

  1. A mi amigo José Antonio lo acaban de nombrar académico de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

    Estoy seguro de que casi todos ustedes se alegrarán.

  2. Enhorabuena en primer lugar

    Lo que usted escribe no es precisamente prehistoria sino la más viva e intelectual actualidad, de usted los políticos neandertales deberían de aprender

  3. Buen comentario. Los que están en la estela de la multiculturalidad y la alianza de civilizaciones deberían de leer lo que ciertos antropólogos británicos decían de los andaluces no hace mucho. Pero como dice el Anfi, en esto del etnocentrismo quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.

    Para entender el pasado hay que investigarlo y algunas veces los que deberían arrojar luz sobre las tinieblas tienen gran parte de culpa. Sin ir mas lejos esta misma semana, durante su docta e interesante intervención, le oí a un miembro de un tribunal de una tesis doctoral que la Historia es sólo el relato del pasado. Como quien dice; en casa del herrero cuchara de palo, que ya vendrá el político de turno para aprovecharse de la confusión y montar su discurso.

    Enhorabuena por el nombramiento.

  4. Entiendo el casi, don Terrades, también habrá a quien le rechinen los dientes.

    Mi más sincera enhorabuena por este merecido reconocimiento de toda una carrera de calidad literaria y de opinión honestamente intachable.

    No sólo no estaría mal que se acordaran de él en la otra academia, la gorda , sino que no que le dieran el sillón de una prepotente mayúscula o una humilde minúscula sino que crearan para él el sillón “punto y coma” al que, a buen seguro, nunca dejaría de hacerle honor.

  5. Me ha hecho feliz la noticia, don ja, usted se merece eso y mucho más. Y en efecto, mucho diente rechinará, como sugiere don Groyo, lo cual es lo de menos.
    En la columna de hoy aprecio la joya que es la cita de Frobenius, demostración de que este hombre sabe cosas olvidadas por casi todo el mundo y ni siquiera sospechadas por el actual eje´rcito de la ignorancia. Un abrazo algre a todos.

  6. Bienllegado al Parnaso, querido joseantonio, quiera Dios que hagas mucho –que estopy seguro de qu elo harásn– en una de esas insittuciones venerables tanto tiempo infrautilizadas. Alguien, con mayúscula suprema debe de haber iluminado a los académicos electores, y no me deja de extrañar que se hayan fijado precisamente en un sujeto de sus prendas… y de su carácter.
    Hoy mismo da una lección interesantísima de un tema de sobra importante, pues la mentalidad de los colonizadoers se basa en la manipulación de ese tipo de nociones (la historicidad de los pueblos y los individuos) en demasiadas ocasiones. Que Dios le ilumine en su nueva tarea y le dé fuerzas para cuantas trae entre manos.

  7. Mi orgullo onubense por ese honor que le hacen. Con columnas como las de estos días, lo lófico sería que tuviera más reconocimientos, pero comprendo que, como han sospechado algunos casineros, su “carácter” –poco doblegable, pro decirlo así– no facilite las cosas. Un abrazo entusiasta, amigo nuestro, porque creo que este honor de algún modo nos toca un poco a todos sus amigos y lectores fieles en general.

  8. ¿Se han parado a pensar en “El planeta de los simios”? ¿Quién nos demuestra que la historia del planeta no es sino un palimpsesto, donde los millones de años son algo más que un número arqueológico?

    Esta es, creo, la teoría de Vázquez-Figueroa, quien si no recuerdo mal es persona apreciada por el Anfitrión, que sostiene que en el Sáhara hubo una vez también -¿cuándo?, chi lo sa?– una ‘civilización con ciudades de miles de habitantes trazadas a cordel y bordeadas de altas palmeras y jardines deleitosos.

    Si los sabios, el Anfi mismo, congratulations!, se mueven en la duda, qué será de los simples ignorantes como una servidora misma, que solo saben que saben muy poco, mu poquito, casi ná que decía el Beni.

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