Algo debe hacer la autoridad, además de lo que se presume que está haciendo en el terreno policial, para controlar la auténtica y creciente psicosis que invade ciertos barrios de la capital desde que se produjo la desaparición de la niña de El Torrejón. La escalada mediática de este caso es tan evidente que explicaría por si sólo el lamentable episodio vivido el sábado en la misma barriada apropósito del equívoco surgido en torno a un ciudadano argelino al que unas niñas, tal vez sensibilizadas en exceso por las circunstancias, señalaron como presunto raptor. Como no se corte por lo sano esta insensata campaña acabará ocurriendo algún incidente irreparable, y eso es algo que compete a la Subdelegación del Gobierno en primerísimo lugar, porque no cabe esperar que salga de la familia afectada. Con todo respeto y comprensión para todas las partes concernidas, hay que decir que el caso de Mari Luz no debe convertirse en un “caso Maddie 2”.

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