Ganó Argelia a Egipto el partido que la clasifica para el Mundial. Menos mal, porque desde hace meses no cejan los tambores de guerra en los dos países, animados por unos medios de comunicación rendidos al “share”. Al encuentro se refería un importante periódico como “un match de guerra”, algo que no resulta tranquilizador a la vista de cómo van las cosas en el fútbol de competición africano: al menos diez hinchas han muerto en broncas futboleras en los últimos cuatro años y la seguridad (¿) argelina recuenta al menos 800 heridos de consideración, especialmente jóvenes. El partido en cuestión ha debido celebrarse en Jartum, al otro lado del Nilo, ante su peligrosidad incontrolable y a su final, la victoria argelina ha desatado una auténtica locura masiva en todo el país, donde cientos de miles de personas la festejaron entre risas y lágrimas, fuegos artificiales y un ensordecedor concierto de bocinas, incluidas por contagio las de los coches policiales. En Togo, en el Congo, en Marruecos o en Túnez el espectáculo es el mismo, como si el fútbol –esa ‘koiné’ que, a estas alturas, chamulla todo el planeta—fuera la expresión del sentimiento nacionalista que hay que entender como reacción lógica a la globalización de hecho.

Un especialista de la Sorbona, Youcef Fates, dice en un libro reciente que la adopción por parte de la hinchada africana del ‘hooliganismo’ occidental no obedece tanto a la causa que indico sino que se explica como la única reacción escapista al alcance de los jóvenes en aquellas dictaduras implacables. Quizá lleve razón, pero entonces, ¿cómo explicar nuestra propia barbarie, la que vemos cada domingo en los estadios europeos? Fates insiste en ello: no hay que reducir a la causa nacionalista tensiones como la que acaba de vivirse en torno a ese partido, sino que es preciso verlas como consecuencia de la presión política vivida por esos pueblos sin libertad. Las ultras africanos habrían aprendido en la tele el modelo europeo pero lo que los moviliza hasta el salvajismo es la catársis tolerada. El estadio es el único lugar exento de la férrea disciplina en países en los que se lapida o flagela un día sí y otro también. En Orán una multitud enloquecida ha destrozado La Corniche, el gran paseo marítimo, pero un día es un día y la policía ha permanecido ajena, comprensiva y hasta cómplice. Es de sabios dejar abierta la espita de la olla y más si lo que hierve y se agita es el potaje nacionalista. Que se desfoguen. De Platón a Maquiavelo, un hilo de discreta textura permisiva enhebra la razón del Poder. Con él andan pespunteando sus conflictos latentes los sátrapas que ven en el fútbol al mejor aliado.

10 Comentarios

  1. Otra aproximación al signmificado sociológico del fútbol en este muendo nuevo por tantos conceptos. Lo de la “koiné” es muy afortunado. El hehco mismo, el conflicto entre países por rivalidades deportivas, una necedad muicho más grave de lo que pueda parecer a primera vista.

  2. Como creo que existe -otra cosa es que sirva para algo- un Derecho Internacional, debería haber si no lo hubiera un Código balompédico universal en el que se recogieran -y se sancionaran- todas las agresiones, violaciones, transgresiones y delitos contra los derechos humanos que se amontonan desde los más humildes campitos de fútbol de barrios o colegios a los más excelsos y chiripitifláuticos estadios de renombre universal.

    Si las haciendas se rompen los dientes contra el muro de sus oscuras economías, si las seguridades sociales se rinden sin fuerza ante sus inmensas deudas, si el racismo, la prepotencia, la humillación al contrario, el insulto, los instintos más bajos se acogen al sagrado de una entrada de fútbol veo como única solución suprimir de un plumazo el llamado deporte rey de toda la faz del planeta Tierra.

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    Ehhh, dónde estoy, quién me ha traído aquí, qué me ha pasado, cómo me llamo, quiénes son ustedes, por qué me tienen atado… socorrooooooo!!!!

  3. Uy, con la risa se me ha olvidado. Desde el nivel de la infra-estructura (ay, que me da), sin desperdicio el artículo final de José Antonio Navas en el suplemento Empresa de ABC de hoy domingo “La España de pan y circo y su nueva organización sindical”.

    Arriiiiba paaaarias de la tierra futboleeera….!!!

    Tiuuu, tiuuu,…

  4. Otra vez el fútbol. Lo que el jede no dice es que entre Egipto y Argelia, como este motivo, ha habido llamada de embajadores y todo. Un asutno de Estado, el fútbol, ya ven. Nunca existió un opio tan barato ni tan rentable.

  5. Llevo unos días alejada de esta tertulia y vuelvo a ella para divertirme de lo lindo. La columna entera es amenísima.
    Entrando en el tema, quizás también entre Egypto y Argelia haya una revancha histórica de por medio….
    Desde luego no somos mejores los franchutes cartesianos, cuando a enloquecer con lo futbolístico. Uno pudiera creer que esas pasiones son para pueblos subdesarrollados, ignaros y viviendo en pleno oscurantismo, pero ¡quiá! Somos iguales: qué tabarra con ese partido contra la verde Irlanda!
    Un beso a todos , en especial a don Yamayor, con todo el respeto debido, naturalmente.

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