Cualquiera que conozca el pasado del bandolerismo  sabe que éste adaptó su modelo de actuación  a las diferentes circunstancias que le tocó vivir. No fue lo mismo el bandido romántico a los ojos del Tempranillo que en el concepto que de la “profesión” tenían, pongamos,  el Vivillo o Pasos Largos, entre otras cosas porque hoy quedan pocas dudas de que con aquel remoto modelo imaginario no acabó ninguna ideología sino el proceso de urbanización de la sociedad española. Y lo mismo, al parecer, está ocurriendo con las mafias italianas, hoy reconvertidas en un conglomerado de jóvenes profesionales, muchos de ellos de alta graduación académica y profesional, que ha seguido el modelo impuesto por Bernardo Provenzano, el descubridor de que una mafia actualizada había de cambiar su clásica zamarra siciliana por el prêt-è-porter sin que ello supusiera el olvido de la beretta o del raskolnikov. En ese sentido ha contado a un periodista su versión un juez experimentado, Raffaele Cantone, quien describe la nueva organización criminal como un mosaico de profesionales, ingenieros, arquitectos, comerciantes, abogados o banqueros, laureados universitarios pero fieles a los “códigos del honor” mafiosos, que se han incorporado a la vida pública en especial a través de la emigración.  Se ha pasado de la convivencia a la connivencia, de la “omertá” a la complicidad, en un proceso que ha concernido desde los más bajos estratos sociales hasta las primeras figuras de la política, entre ellas Andreotti o Berlusconi. El “guante blanco” ha acabado imponiéndose posibilitado, entre otros factores, por la singular capacidad de adaptación de estas nuevas cohortes delincuentes y su singular intuición para anticipar los cambios sociales profundos, incluyendo el de la globalización de las relaciones.  Todo debe cambiar  para que todo siga idéntico, parece ser el lema heredado de Giovanni Tomassi de Lampedussa.

 

Les recomiendo, en este sentido, el libro en cuestión que no es otro que “I Gatopardi”, firmado por Gianluca Di Feo en conversa con el juez citado, un compendio ejemplar de investigación primaria pues se basa esencialmente en documentación judicial de primera mano.  Sin ocultarles que he pensado leyendo ese libro en la realidad española, hoy transida de mafias secundarias y montajes poderosos que han convertido la vida pública nacional en lo que la han convertido. Me quedo con la frase terrible –han pasado de la connivencia a la convivencia y de la omertá a la complicidad—con la sensación de no quedarme corto ni pasarme de largo. Después de todo, Sicilia y Nápoles tienen mucha España dentro. No hay más que mirar alrededor.

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