Tendremos esta semana –ya era hora– Plaza de las Monjas nueva. El viejo salón de la ciudad, su órfalos entrañable para tantas generaciones, resurgirá aderezado, cuentan que con buena mano, para volver a ser punto den encuentro por antonomasia de la ciudad renovada. Menos mal que una buena noticia llega sin ruido, concitando la expectación de todos tras la que vendrán –y bienvenidas sean mientras sean discretas– las críticas del gusto y el juicio de la memoria. Y ninguna quizá tan justificada como ésta ante la que habría que rendir partidismos y acomodar la opinión a un resultado que responde a un esfuerzo de mucha gente y a la expectación de casi todos. Las Monjas será de nuevo el referente de la capital, el lugar abierto y acogedor para propios y extraños, el salón de la ciudad en el que, como antaño, los onubense de hoy rumiarán sus memorias y los de mañana irán acumulando sus nostalgias futuras.

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