Pros y contras de la energía nuclear: el debate ha estallado. No importa que la causa del accidente haya sido natural y, en consecuencia, algo que podría poner en cuestión no sólo las energías nucleares sino media vida humana y parte de la otra media. ¿Qué decir de los polos químicos, de las concentraciones industriales, de las aglomeraciones urbanas incluso? Un seísmo de esa categoría supondría para ellos una ruina segura y dejaría abierta la cuestión general de su seguridad, un poco como a propósito del llamado terremoto de Lisboa se desencadenó aquella polémica en la que Voltaire ironizaba contra Leibnitz sobre los límites de la Providencia, mientras que desde otros se apuntaba a la perfidia humana como la causa inmediata del desastre. No hay acuerdo, eso parece evidente, pues si por una parte está claro que a los objetores de la estrategia nuclear les ha caído en las manos una bicoca dialéctica, claro está igualmente que, ocurra lo que ocurra, y aunque no se pueda negar el fantasma de este apocalipsis, nadie piensa en serio en eliminar esa fuente de energía que, ciertamente, puede arrasar Japón, aunque no parezca probable, pero también lo ha hecho posible en su circunstancia actual. El miedo es natural pero es mal consejero y barrunto que en cuanto se afilen las críticas al modelo Chernóbil surgirán sin remedio las referidas al que arrasó Seveso. Otra cosa es que el suceso logre que las medidas de seguridad se incrementen y que la disciplina del sector se extreme hasta el límite, pero nadie va a pedir dentro de un mes –insisto, ocurra lo que ocurra—el desmontaje de la industria atómica. La Humanidad da de vez en cuando grandes pasos y suele pagarlos con altos costes pero lo cierto es que, aunque ella misma crea lo contrario, tiene las habas contadas.

Si Japón, Francia, Rusia o EEUU quieren mantener si nivel de vida tendrán que mantener su producción de energía atómica. Habrá que encarecer la previsión, ya digo, amarrarse los machos en materia de seguridad, pero nadie planteará la vuelta atrás. Esto se podrá decir más cómodamente dentro de tres meses, cuando ya la fumarola letal que hoy hace temblar al mundo se haya dispersado. ¿No recuerdan el alarmismo que despertó Chernóbil? Pues yo estuve allí poco tiempo después y ya la tónica era el disimulo y la estrategia el olvido. Para catástrofes, las de Hiroshima y Nagasaki, y a ver quién se acuerda ya de ellas. Lo que está ocurriendo es terrible pero el hombre está hecho al terror y es súbdito de la necesidad. Me arriesgo, aunque no sin alguna melancolía, a vaticinar que este apocalipsis también será superado.

6 Comentarios

  1. Coincido con la tesis sugerida por gm: el futuro nuclear resulta dif´ñicilmente cuestionable por mucho que nos asuste lo que está ocurriendo y pueda ocurrir todavía. Se habla mucho sin saber de qué sa habla, por otra parte. Convendría que fuéramos todos un poco más prudentes.

  2. Naturalmente, será superado y sino habría que resignarse a transformar el pais en una gran granja y a vivir como nuestros tatara-abuelos. ¿Quién se apunta?
    Besos a todos.

  3. Puede haber alternativas entre la nuclear y la granja, supongo, pero todo indica que los hechos son irreversibles y que estamos en una etapa en que aún no hemos comprendido y menos asumido que los niveles de bienestar que hemos conseguido.

  4. La exigencia del demagogo es riesgo cero, pero ése demagogo viaja en automóvil y no se priva, si le place, de fumar, beber y buen comer.

    Para evitar riesgos prohíbase la sal y el azúcar, el tabaco, los aditivos alimentarios, el tráfico no imprescindible, los alimentos con colesterol o ácido úrico, el alcohol, las películas de suspense o de terror…
    Con todo ello no sé si viviremos más pero sí es seguro que lo que vivamos se nos hará mucho más largo.

  5. No me convence del todo el alarmismo, en especial el de la UE, porque si tuviera fundamento y los responsables acabarn de caerse del guindo habría que preguntarles por quó no se asustan del mapa nuclear francés, que nos cae mucho más cerca a todos y que en caso de incidente complicaría las cosas a medio mundo y no sólo al país incidentado. Esperemos que las cosas mejoren, lo cual no equivale a menospreciar la tragedia japonesa pero si a mantener una serenidad que me da la impresión de que, con mayor o menor carga de razón, se ha perdido.

  6. Dos importantes voces de autoridad (catedráticos de física, creo) emiten su dictamen en importantes medios de comunicación: uno en Antena 3, noticias del mediodía, dice que esto nos pasa por jugar a ser dioses y pone el dedo en la llaga al apuntar al descontrol de la energía nuclear; el otro (Lozano Leyva), en Onda Cero, dice que menos lobos, caperucita: que las consecuencias, de haberlas, serán mínimas o, en cualquier caso, aceptables.
    El socorrido recurso al término medio me parece aún más desconcertante. No sabe uno qué pensar.

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