Se habla mucho de gasto social pero no de gasto electoral, que es de lo que habría que hablar. En Andalucía ese gasto se acumula legislatura tras legislatura, a medida que el “régimen” va necesitando la mano del calafate para mantenerse a flote sin problemas o que el encuestador avisa de alguna falla propia o ventaja ajena. Incluso sin cumplir algunos compromisos cruciales como el salario social o el sueldo prometido a las amas de casa, aquí se subvenciona sin tasa, se distribuye estratégicamente el dinero del paro agrario, se le largan pelotazos milmillonarios a los “agentes sociales” cada mes de enero, se regalan cuentos a las paridas o, como quien no quiere la cosa, se anuncia un plan para proporcionarle vivienda a todo bicho viviente o a casi todo, porque ya me dirán cuántos andaluces cobran más de los 3.100 euros tope establecidos por los demagogos. Ya veremos qué pasa tras las elecciones, pero desde ahora hasta que se celebren el gasto electoral crecerá embalado y sin control posible.

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