Un día recibió este picador un correo electrónico del concejal andalucista Carlos Fernández, muy dolida, la criatura, por haber visto en este recuadro una discreta protesta dirigida al PA por haberlo “amnistiado y readmitido” en sus filas a pesar de que el mangazo marbellí cantaba como una ópera wagneriana. Le contesté que no tenía nada que rectificar y que cada palo aguantara su vela, cosa que ahora celebro al hacerse público que no sólo era un mandante sino que era el protegido del cerebro financiero del golpe antiGil, el misterioso señor Binstock, y que lleva años viviendo su vida en mi Buenos Aires querido. Aguardemos una acción diligente de la Justicia (y de la diplomacia, si es que cuadra a los intereses del Poder) y, de paso, una nota, una excusita siquiera de ese PA que se puso en lamentable evidencia amnistiando a semejante sujeto.

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