La noticia de que el disco duro del “caso Faisán” ha sido robado limpiamente del despacho que el fiscal que lo lleva posee en la Audiencia Nacional no constituye novedad alguna. En tiempos de Juan Guerra unos ficheros sensibles de cierta consejería andaluza ardieron sin que jamás se supiera quién fue el incendiario, de la misma manera que cuando Chaves se querelló contra los periodistas de El Mundo, una grabación poco menos que determinante desapareció como por encanto de otro despacho judicial. Cuando el despotado de Gil en Marbella, un “rollo”, como diría el fiscal-consejero de Justicia, De Llera, se traspapeló y no aparecería hasta después de mucho tiempo, encaramado en un armario de difícil acceso. El Poder, cuando se ha visto en apuros, ha recurrido siempre al secreto y si éste se ve amenazado a la sustracción o destrucción de pruebas, aunque haya que convenir que operaciones como las mencionadas sólo pueden ser perpetradas por personal con acceso a las sedes judiciales, a saber, las propias policías o los trabajadores de esa maltratada Administración que, ciertamente, carece de medios elementales para la protección y custodia de tan grave documentación. Claro está que éste es un privilegio reservado a los poderosos a cuya sombra se acogen confiados esos delincuentes. Nunca se ha desvelado ninguna de estas tropelías, claro está, pero la repetición de estos asaltos dejan en evidencia la fragilidad de una Justicia frente al poder efectivo de la política. Porque seguro que no conocerán ustedes, como no conozco yo, ningún caso de prueba destruida en un proceso pobre. Son precisamente los que tienen la responsabilidad del buen orden de la república quienes recurren a estos procedimientos. La Justicia va siendo cada vez más un cachondeo, como dijo el alcalde de Jerez y fue absuelto por los Altos Tribunales.

Uno de los extremos que están dilucidándose en la instrucción del “caso ERE” es precisamente si es cierto que en la propia consejería y en presencia du su titular se procedió a destruir documentación comprometedora por medio de personal de confianza. O sea, que el recurso no falla cuando el agua alcanza el cuello, y me consta el enfado severo de algunos magistrados que saben perfectamente lo poco a que ellos pueden hacer para evitar estos desmanes. Siento repetirme pero soy incapaz de no echar manos en comentarios como éste de una vieja sentencia pronuncia por Jules Renard: “La Justicia es gratuita. Menos mal que no es obligatoria”.

8 Comentarios

  1. Este caso supone un descalabro de inmensa gravedad, pero no se el primero, como explica la columna. Se trata de la falta de autonomía real, y de los medios adecuados, que sufre la Administración de Justicia, por no hablar de espíritu anticonstitucional y delincuente que informa a todas estas acciones.

  2. Puede que en la ‘faisanada’ haya una ‘y’ y una ‘z’, ya que no una X como en los GAL. Según parece, el marrón se lo comen -tienen que perdonar el desgarro de mi vocabulario pobretón-, se lo comen un par de mandos intermedios. A saber lo que nos va a costar ese fondo de reptiles.

    Y si a los maderos les roban la coca por toneladas -siempre, creo, que con algún garganta profunda desde dentro- cómo no se va a sisar un disco duro que cabe en un bolsillo. Miren cómo el documento con la causa de divorcio de la esposa del futuro Felipe VI no lo manga nadie. Está en la caja fuerte de 600 kilos. Que por cierto, el silencio del ex-marido y el ex-novio, tampoco me creo me creo que salgan gratis. Al menos que a algún caballo le hayan cortado la cabeza para aparecer entre sábanas.

  3. No sea malo, don Epi, pero la verdad es que todo lo que dice va a misa. Como va a misa la tesis de la columna de hoy. No recuerdo niveles de inseguridad jurídica como los que vivimos actualmente, y dee eso le echo mucha parte de culpa al felipismo negro.

  4. Llorente era otro modelo de hombre y de político. Estos no son más que grupos organizados electoralistas. ¿Hay alguna diferencia entre lo que hace Rajoy y lo que haría Rubal si estuviera en su lugar? ¿No hizo Felipe la “reconversión”, ni inventó Griñán cuando era ministaro de Trabajo los “contratos basura”, no han recurrido estos a la corrupción y hasta al terrorismo de Estado: Llorente es de esa generación extirpada que guarda silencio por una especie de “omertá”.Ese si que es un pecado que puede atrubuírsele a sus miembros.

  5. No se puede el resumen y la moraleja de esta columna expresar mejor de lo que lo han hecho antes Pangloss y Ropón. Acabo de leer que Otegui el terrorista ha portagonizado un mítin separatista desde la cárcel a través de un video. Son cosas que, al menos yo, no puedo comprender.

  6. “No hay pruebas ni las habrá”, F. González defendiendo al asesino Amedo. ¡Si estarán ellos seguros de su impunidad! Y sin embargo, a veces falla. Aquella vez también falló.

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