No pudo ser. Chaves no consiguió meter en la cárcel ni arruinar al director de El Mundo ni a su jefe de redacción por haber publicado en solitario el caso del espionaje ordenado contra un presidente de caja sevillana. Lo ha intentado hasta el final, con inquina y contumacia, pero los jueces lo han  revolcado dos veces. Ahora bien, algo sí ha conseguido ese político amortizado, y es acallar durante toda esta larga espera a cuantos espíritus pusilámines brujulean por los medios con el ojo puesto en el Poder. Se acabó, de todas formas, Chaves ha perdido en su estrategia de amedrentar a la prensa crítica que denunció sus escándalos familiares. Por vergüenza torera debería irse a casa con su espléndida pensión vitalicia.

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