La Junta no quiere testigos de vista en la contabilidad que refleja sus manejos en el exterior. Se agarra a que lo que la oposición pretende al reclamar cuentas claras es dañar los proyectos –“Este no es un debate contable, sino ideológico”, remachó la consejera Mar Moreno, convencida de que estaba diciendo algo—, pero lo que resulta evidente es que esas cuentas no son publicables sin riesgo de escándalo mayúsculo. Darle el dinero de la ayuda exterior a los sindicatos afines o despilfarrarlo en el proyecto Barenboim sin rendir cuentas a nadie le parece a la Junta una simple “cuestión de valores”, como si el valor supremo en una democracia no fuera la transparencia.

1 Comentario

  1. La cuestión, vuelvo a decir como en un comentario de hace unos días,es, a dónde y a quienes va el dinero que debe administrar la Junta, y el quid, El tribunal de Cuentas, no desvíen la atención con debate ideológico y conviertan al Tribunal de Cuentas en el cuento de nunca acabar.

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