Dicen que de nuevo volverán las auroras boreales, las noches iluminadas con la luz sangre y esmeralda del misterio solar. Justamente ahora que celebramos –vamos, que celebran—el cuarto centenario de Galileo, o mejor dicho, del invento de su telescopio, y andan revolucionados tanto los teólogos que insisten en la necesidad del diálogo entre Razón y Fe, como los científicos, que insisten en profetizar las aterradoras incidencias de la corona del astro a cuenta de esa manchas solares que descubrió precisamente el viejo maestro. No se ponen de acuerdo sobre el asunto, eso sí, ni la Nasa ni Nacional Center for Atmospheric Research, como ocurre siempre que los sabios han de afrontar el reto de la verificación inminente, pero parece irse abriendo paso el consenso de que en el año 2011 o, a más tardar, al siguiente, la actividad solar alcanzará un peligroso punto que podría ocasionar graves perturbaciones en el planeta Tierra como consecuencia del impacto en su ionosfera de los materiales de esos chorros de masa coronal que vienen siendo estudiados hace tanto tiempo, pero que parece que ya entendieron en su día tanto los mayas como los indios hopo, los cuales habrían  profetizado, en efecto, para estas próximas fechas, un gran cataclismo, quizá el fin de una era y el comienzo de otra. La autoridad anda preocupada con esos fenómenos, que podrían alterar decisivamente la producción y el suministro eléctrico, lo que equivale a decir a toda nuestra vida. Habrá que estar atentos al cielo, espiar la luz nocturna con ojo inquieto, como ya se hizo en la Europa que creyó ver en las auroras boreales el anuncio de guerras devastadoras, aunque con la esperanza de que, por esta vez, los sabios se equivoquen de parte a parte. Al fin y al cabo, hoy sabemos que la “pequeña Edad de Hielo” que permitió patinar sobre el Támesis no fue para tanto.

 

De nuevo, pues, la evidencia del gigante con pies de barro sobre cuyos hombros nos alzamos, otra vez la imagen de un mundo colapsado que nada podría hacer si de verdad llegara a caer la electricidad, se cortaran las comunicaciones y los satélites continuaran  recorriendo a ciegas su órbita inútil. Nunca la Humanidad fue más libre ni más dependiente a un tiempo, jamás pudo soñarse una vida más liberada ni se pudo pensar que tan maravillosa independencia podría consumirse como una pavesa abrasada por una llamarada solar, ni que el poder del hombre resultara tan imaginario en esta nueva Babel como en la mítica, pero dicen que volverá el espectáculo las auroras boreales con la luz sangre y esmeralda del misterio astronómico, como una exhibición de potencia sobre el imaginario imperio humano. Un apagón paralizó Nueva York y una tormenta solar podría apagar el mundo. Al supehombre nietzscheano no le queda más que la esperanza en que los sabios se equivoquen.

7 Comentarios

  1. Me exaspera el alarmismo de las profecías científicas, porque no se cumplen nuca afortunadamente. Esta misma: se sabe que no hay el menor acuerdo sobre las m,anchas solares y que no es posible predecir seriamente la actividad solar, aunque se postulen ciclos. Comno enseñante me inquieta mucho esta forma de actruar que sume al estudiante en la desconfianza y lo que es peor en un nclima de inc ertidumbre que convierte la teoría en pura palabrería.

  2. Como en muchas ocasiones no sabe uno a quien fiarse y como no soy experta en estos temas pues hago como don Roque y no me creo nada….hasta que de veras llegue el lobo y nos coja desprevenidos.

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    Yo ya fui a votar pero lo he hecho un poco asi al tuntun: unos minutos antes de poner la papeleta en la urna todavía no estaba segura de a quien votaría. Es imposible saber de veras qué consecuencias traerá nuestro voto porque ningún partido ha anunciado claramente como ve Europa. Estas elecciones no son europeas, serán un voto sancción anticapitalista desvergonzado.

    Besos a todos.

  3. Prevenidos o desprevenidos da igual, doña Sicard, cuando le llegue la hora a la Humanidad nadie tendrá la posibilidad de sobrevivir, lo que no es tan grave porque todos los que estamos aquí vinimos para morir.

    El verdadero peligro para la vida en nuestro planeta somos nosotros mismos, la última especie en aparecer, con los economistas, las multinacionales y los políticos a la cabeza.

    La especie humana es la especie de Pancho López.
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    Yo también puse mi papeleta, que viene a ser como la micción de un pececillo en el Mar de los Sargazos.

  4. esto es como lo del fin del mundo está cerca pero ninca pasa lo malo es como estamos acostumbrados a que viene el lobo que viene, y nunca llega, cuando venga nos va a coger a todos en pañales

  5. Soy como expresa mi nick escéptica ante lo apocalíptico y pienso que tal vez nuestros tiempos se estudien en el futuro -si es que ese futuro se hace realidad algún día, porque este planetilla no se haya ido al guano celestial- como el que marcó el comienzo de un cambio climático. O quizás ni eso.

    Lo que sí es cierto es que buscamos culpables de las anomalías atmosféricas desde las ventosidades de las vacas al combustible de los aeroplanos, sin tener en cuenta que el astro padre y rey es una bomba en permanente y cambiante explosión. Las tormentas, los vientos solares pueden tener más influencia en nuestro clima que todas las barbaridades que está fraguando -que es verdad que estamos escupiendo hacia arriba- este mono bípedo e implume que se cree el ombligo del universo.

  6. Un asunto que lleva danmdo vueltas much tiempo, como tamtos otros. La Ciencia no es diferente del periodismo: necesita actualidad. Y cuando no la tiene la produce. Docho sea con el respeto pertinente por los dos arriba firmantes.

  7. Sr Marín, ¿se refiere a las profecias de los indios hopi en lugar de hopo? ¿A la peícula -mafnífica, premonitoria- koyanisquaatsi? Felicidades por el artículo. Leon Lasa

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