Desde el PP se reclama a la Junta de Andalucía la decisión sin precedentes de compensar a las familias ante la preocupante deriva de las hipotecas, discutible medida que pudiera enmascarar, en muchos casos, lo que no ha sido más que temeridad inversora, pero que puede tener sentido desde una perspectiva solidaria. De hecho nos abruman los indicadores adversos: crece la tasa de endeudamiento familiar, la deuda de las familias se elevó un quince por ciento sólo en el año 2006, la marcha del IPC no resulta nada tranquilizadora y el ama de casa, lo mismo que el padre de familia, se devanan la mollera cavilando cómo llegar a fin de mes. La apuesta de los conservadores tiene su interés, en todo caso, viniendo como viene del fanatismo liberal, y el brete de los sedicentes progresista tiene, a su vez, mandanga en la medida en que negarse a ayudar en la hipoteca pesaría en la opinión electoral y aceptar la medida favorecería al adversario. Vamos a ver dónde queda el ‘bien común’ en medio de esta pelea partidista.

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