A veinte días mal contados de la ‘gala’ –porque ‘gala’ habrá, sólo le faltaba a la candidata que no la hubiera–, el disputado Festival de Cine sigue sin presupuestos y sin jurado, aunque tenga ya banda sonora (preciosa, por cierto) y cartel (ya no tanto). Los cerebros que lo organizan ni se han molestado en reunirse todavía, aunque parece que lo harán el jueves, tal vez  para aprobar de una tacada lo que haga falta. Siguen jugando con ese logro excepcional de la (in)cultura onubense, como ven, sobre todo ahora que han capitalizado el evento arrancándoselo al Ayuntamiento, y también como siempre, siguen sin saber ni bien ni mal qué hacer no cómo hacerlo. Lo que es un milagro es que el Festival haya sobrevivido a las peleas políticas y a la inepcia de tanto enchufado paracaidista como ha debido soportar, pero es posible que este año supere sus propias marcas de confusión. Está cada vez claro que la cultura no va con la política, que no busca en ella más que un escaparate.

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