Me dice un amable espontáneo que el presupuesto de Doñana para el lince es de 26 millones de euros y otro tanto el dedicado al águila imperial. No sé si será cierto o estará tratando de intoxicarme pero de lo que no cabe duda es de que los jerifaltes del Coto comen divinamente a costa del contribuyente, o al menos eso dice la Cámara de Cuentas, según la cual llegaron a gastarse más de cuatro kilos en comilonas, sin incluir las celebradas en Londres, hábitat, como todo el mundo sabe, abarrotado de águilas y linces en peligro de extinción. Y encima nos cuentan que hay agujeros injustificados, también millonarios, en su contabilidad, o que las juntas rectoras no se toman siquiera la molestia de reunirse como dispone la normativa. En Doñana los linces viven de los conejos y los gestores de los linces. Si en el “Juan Ramón Jiménez” faltan médicos y recursos no importa tanto, al parecer.

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