En una de las más deplorables intervenciones públicas que se le recuerdan al ex-presidente González ha recomendado a las nuevas generaciones (con perdón), tras mofarse de Rosa Díez, el abandono de la creciente manía de llamar “fascista” a todo aquel que discrepe de las posiciones ideológicas propias. Mientras tanto el paisaje electoral continúa acumulando ese dictado, hay que decir que en numerosas ocasiones de la manera más impropia y, en última instancia, desprovisto ya de cualquier sustancia ideológica en su condición de recurso estrictamente retórico. Según el subsector más activo y organizado de esa estrategia –los agresores que revientan mítines y comparecencias rivales–, “fascista” serían lo mismo los centristas del PP que los centristas del PSOE (¿o es que hay alguna diferencia de fondo entre el proyecto de Solbes y el de Pizarro?) y, ni qué decir tiene, incluso una persona como Fernando Savater, acaso el personaje con más limpio perfil ético de nuestra generación. Rosa Díez o Antonio Elorza, la alcaldesa comunista de Córdoba, no se distinguen, desde esa óptica gruesa, de los fascistas genuinos y confesos, algo que no deja de constituir una rareza en una sociedad, como la española, en la que una experiencia tan larga como asfixiante se supone que debería permitir con facilidad la identificación de los enemigos de la libertad. Algo curioso: no se acusa a los reprobados de ‘stalinistas’, por ejemplo, sino que se pretende simplificar el panorama conceptual reduciendo su inevitable condición dialéctica a ese par maniqueo que sirve para todo aunque no resuelva nada: “nosotros” y “ellos, los iluminados resistentes de no se sabe qué espíritu revolucionario, y los “fascistas”, es decir, todo aquel que se desvíe de nuestra ortodoxia. Ése es el final de toda demediación, ésa es la inevitable consecuencia de la fractura maniquea que, al fin, se ha producido en la sociedad española. Es la tempestad cosechada por tantos vientos sembrados que produce ahora el mismo fruto que ya robaron del Árbol del Conocimiento aquellos fascistas históricos cuya consigna decía “Ni derechas ni izquierdas: España”. Se sobrentiende que España eran ellos, claro.
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¡Vaya una idea que tiene del fascismo genuino esta ‘basca’ revoltosa! Creerán, por ejemplo, que un rector fascista haría la vista gorda, como acaba de hacer el de la Complutense, en lugar de enviarles con urgencia unas expeditivas legiones. Pero no hay que confiar en esta ingenuidad, como amargamente advirtieran en su momento Brecht o Primo Levi, ni perder de vista el valor decisivo de la complicidad institucional que revelan aquellas actitudes pasivas, entre otras cosas porque en modo alguno deben considerarse “casos aislados” estos reventones que vienen prodigándose desde que, de hecho, se levantó la veda, sino una peligrosa campaña que podría acabar cuestionando
unos comicios en los que determinados candidatos no pueden comparecer en público y menos aún hablar libremente. Lo de “fascista” se ha convertido en un comodín hasta el extremo de permitir a ciertos personajes el uso del oxímoron “fascismo de izquierda”, soberana improvisación que pretende ocultar que el objetivo último de los reventadores es neutralizar una democracia que ya se ha hecho bastante daño a sí misma sin necesidad de su concurso. La confusión en torno al concepto “fascista” sólo cobra pleno sentido en la que envuelve en su penumbra terminológica a la democracia histórica, y hay que reconocer que buena parte de la responsabilidad por ello recae en los actuales perjudicados. ¿No dicen que ya ni tiene sentido distinguir a la derecha de la izquierda, peor aún, no es ya una evidencia que ambas opciones, feudatarias de la inania doctrinal que nos aplasta, coinciden en lo fundamental hasta confundirse sin remedio? La democracia española es hoy facial no eideática. El comodín se lo ha dado de mano ella misma a los enemigos de la libertad.

14 Comentarios

  1. (¿Cómooorrl? Media tarde ya en Europa y los comments en blanco. ‘Será capaz’, que repetía la moza de Delibes cuando le apareció ‘La hoja roja’).

    Glez, ni fundiéndose de nuevo como se funden las campanas, debería ser capaz -si tuviera un nanogramo de vergüenza, que no la tiene- de aparecer en público. Un millonetis, lacayo de un superídem, que se atreve a seguirse llamando de izquierdas. Nada enfurecía tanto a mis amistades rojillas, como cuando en los noventa querían asustar con ‘¡que viene la derecha!’ y una servidora les recordaba que la derecha ya eran ellos. Es lo que puntualiza el Jefe cuando aclara que el debatillo entre el ministro pirata y el aspirante barracuda de la otra noche, no eran sino variantes sobre el mismo tema. (Un músico de la banda del pueblo vecino al mío le preguntó al maestro ‘¿Cuál tocamos ahora?’ y contestó el de la varilla ‘La misma, pero una mijita más “a recio”).

    ¿Quienes son esos bellacos a los que el Anfi minimiza -yo no lo haría- llamándole ‘la basca’? Pues ahí tienen las querellas y contraquerellas de Parla. (Por cierto sociata, si entras ya sabes a dónde y a qué tienes que ir). Concejales de la localidad más próxima, con callos en el culo de no moverse de la poltronilla, gritan cual Zoilo a Homero ¡fascista! a todo lo que se mueva con fondo celestito.

    Zoquetes que no han cubierto los estudios primarios por lo que son carne de cañón de esquerristas, o galeguistas. No digamos del paisito de las verdes colinas y los detonadores por movimiento. Universitarios analfabetos funcionales que no superaron lo de ahí hay un hombre que dice ay. Rastafaris y okupas acunados con mimo por los demagogos de las herramientas (abandonadísimas) que también calientan sillón en concejos de fuste, tantas veces como palanganeros bien retribuidos de monterillas vergonzantes.

    Todo ello justificado por el Tensîonâdor de la sonrisa helada, aficionado a la pley, según confesión propia. Laissez faire, laissez passer, que tó er mundo é güeno. Menos los cien mil hijos de meretrices, no son más, pero bien rentables, que tensîonân el ambientillo. Hace siglos que no voy a un mitin, ni pienso volver, pero entre el público de algunos de ellos he oido con estas orejitas que arderán en el crematorio, cosas de tanta o mayor enjundia.

    Y lo que queda por ver, a pesar de que una no tiene nada de profeta.

  2. Buena descalificación de quienes utilizan a su antojo el léxico político. Lo que no hay que olvidar que son los primeros espadas de esta capea quienes ponen de moda esos lances. Aquí selellama ya fascista a todo el mundo. Me horrorizo pensando que lo mismo ocurrió ya entre el 34 y el 39.

  3. No había pensado en lo del debatepero me temo que la observación de nuestro amigo el Prof sea acertada. Ojaláen él –al menos– no se le ocurra a nadie ir por esa veredita que no conduce más que al odio y al enfrentamiento.

  4. Recordamos al padre Cura que asus obispos (¿lo será él también?) le han llamado ayatollahs que no sabemos si será peor que fascista, al menos en estosm momentos de confusión y sabiendo,como sabemos, que al ayatollah se le tiene aquío desde el Gobienro la misma mano con que se abofetea al papa.

  5. La clave: que una democracia donde ocurren estos “incidentes” no es una democracia plena ni quien tal lo pensó. Fíjense cómo se ha puesto ZP ante la bronca de los trabajadores de Justicia, y en el silencio que han guardado todos ante el hecho de que toda unaPresidenta de la Comunidad de Madridn no pueda ir a un pueblo a visitar un hospital de su Administración porque lo impide un frente socialcomunista y sindical.

  6. Nada que agregar, aparte de que lo que la columna critica–el uso del concepto descalificador de manera genérica– es muy propio de organizaciones y movimientos fascistas.

  7. Te insultan con lo que son, consideran oprobio el que los abruma. Antigua historia ésa. Estos días se recuerda en un mnaual de campaña que el PSOE ha distribuido en Valencia que el padre de Trillo fue militar (se olvidan de que Trillo también, como tantos sociatas), como si el de Chaves no hubiera sido lo mismo. El concepto se ha vaciado, de acuerdo con jagm, pero hay que tener en cuenta la intención.

  8. ¿Nos hemos olvidado ya de que un miembro dele ejecutiva federal del PsOE informó a ésta de sus conversaciones secretas con el general Armada y sobre la idea deéste de promover un Gobierno presidido por un militar en el que, como durante la Dictadura de Primo de Rivera, pudiera contarse con “civiles” del PSOE? Es muy peligroso ser ligero de palabra sobre todo si se es lento de memoria.

  9. Veamos, por lo tanto,. el debate de esta noche, y a ver qué sale en limpio de él. Muy mal le tendría que coger el cuerpo a Rajoy para no desesmascarar a esa nuez vacía que los Iñakis y quienes no son los Iñakis presentan como un salvador.

  10. Una dama roja me tildó el otro día de “fascista”, apesar de conocer mi pasado nada sospechoso (es mi cuñada). La cosa fue porque dije que elúnico voto útil frente a esta desmesura y gran tonglado era votar al PP y que luego ya veríamos. Ni que decir tiene que este viejo comunista de carné no va a cambiar su intención razonada de voto porque su cuñada se cabree. (Nota: ella trabaja en una Junta sociata y tiene una sección muy descansada, ji ji ji, qué malos son los cuñados).

  11. Pepe Griyo
    21:41
    Lo que nos cuenta don Rogelio no es un caso puntual. Se está llevando la diversidad de opciones políticas a la inquina y al odio entre familiares y amigos.

    Curiosamente, los que dicen ser socialistas son, prácticamente, los únicos intolerantes con la opinión de los demás, aunque también conozco a alguno que otro que todavía usa el calificativo de rojo de mierda.
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    Les prometo, don Prof. y don Pater, que no pienso ver el debate, pero voy a hacer algo peor: LO VOY A GRABAR por si hay algo interesante que levante polémica y pueda valer la pena verlo, por ejemplo alguna novedad auténtica o el cuele, por error, de algunas imágenes malévolas inintencionadas. ¿Me ha salido un oxímoron?

  12. Lo de tildar al otro de fascista es muy cl160sico. Somos todos los fascistas de otro. Lo malo es cuando el insulto te amedrenta, y te paraliza. O cuando los otros se lo creen.
    Buen debate a todos. Aquí, nuestro presi también las hace buenas.

  13. 00:46
    Lo que imaginaba. He brujuleado por varias tertulias y en lo que todos coinciden es en que no ha habido ninguna novedad.
    Mañana, si me sobra tiempo, “visionaré” trozos del debate con la voz desconectada para atender solamente al lenguaje corporal.
    Será un simple pasatiempo del que no espero sacar más utilidad que la de hacer un crucigrama o un sudoku.
    Da mucha risa ver a los profesionales de la información comentar el encuentro como si se tratase de un combate de boxeo o de una corrida de toros.

    Durante el debate he visto una bonita película con un terrible final.

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