La antigua polémica sobre el Polo y sus efectos indeseables entra, bajo el peso de la crisis, en una difícil perspectiva, en la medida en que resultará más difícil el ecologismo maximalista e incluso el discreto ante una coyuntura que se describe como de las perores vividas por nuestra industria. No se trata de disimular ni desdramatizar, como hace UGT, diciendo que el tema no afecta a los trabajadores, porque es obvio que estas dificultades serán probablemente menores que las que están por venir y, en consecuencia, el impacto futuro sobre el empleo podría ser muy duro. A lo mejor todo esto favorece que se busquen y quizá encuentren posturas equilibradas, flexibles, que miren por la salud medioambiental al tiempo que comprendan nuestra radical dependencia de ese modelo.

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