Perdidos en su enorme riqueza museística, he visto demoradamente los sublimes Murillos costumbristas, el retrato de esos sagaces rapazuelos de la calle barroca que el pintor mariano hubo de vender por el mundo, es decir, fuera del mercado restringido en el que la iglesia era, si no el único, sí el principal cliente. Andan por esos mundos (en Baviera, por Viena, por Nueva York) dispersos irremediablemente como un alegato irrefutable sobre nuestras pasadas mezquindades, y ni que decir tiene que mimados como obras supremas en los museos favorecidos. En España se quedaron las ‘Inmaculadas’, fruta del tiempo, y la obra eximia se la llevaron por los siglos de los siglos las ricas y liberales muchedumbres criadas en el ‘libre examen’. Golfillos que valen por la mejor lección de historia, pícaros en flor buscándose la vida en un cacho de pan o en un  racimo de uvas, tal vez echando a rodar unos dados tahúres sobre el suelo urbano convertido en timba, felices y piojosos como sus perros sin dueño. Que me perdone don Diego Angulo, pero daba todo el arte sacro de Murillo por una de esas instantáneas de nuestro “pasado glorioso” que ahora debemos peregrinar a tierras lejanas para verlas, como hemos de seguir peregrinando para contemplar tantas cosas perdidas y por perder. Una de ellas, el saber, el conocimiento, despilfarrado de modo suicida en la incesante sangría que todos prometen cortar y ninguno detiene. Si hay un pueblo con vocación de diáspora cultural, ése es el nuestro. Los políticos dirían que no, claro, pero pregúntenle a los ‘mileuristas’, a los interinos y, sobre todo, a los exiliados: ya verán. No me gusta hablar de “fuga de cerebros” porque a lo que recurre España –desde hace mucho— es al exilio cultural.

 

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 Un caso. Mi amigo JF, que me hace de generoso lazarillo aquí en Munich, es sevillano. Se licenció en su universidad, se doctoró brillantemente, fue a especializarse a París y posteriormente a Lyon, pero le tiraba la tierra y escribió a España ofreciendo su experiencia a la privada y a la pública: ni le contestaron. Menos mal que entonces le llegó una oferta espontánea de la Oficina Europea de Patentes en la que hoy trabaja a alto nivel. Como Murillo. No había mercado en España para esos saberes suyos que, sin embargo, se disputan fuera, en los países fuertes y desarrollados. En mis tiempos de universitario todavía se escuchaba a mucho cátedro aseverar que el exilio de la guerra civil era tan cierto como mítico, que a la cultura española le importaba un rábano la pérdida de Albornoz, de Castro, de Ayala, de Jiménez de Azúa, de Manolo Andujar o de María Zambrano, y lo peor es que lo decían en una universidad raquítica, desmantelada en buena medida, plagada de oportunistas y ‘estampillados’ que nos tenía a dos velas y obligados a recurrir a los del exilio. Seguro que de JF dicen los mismo los julastrones que han hecho una oficina del “alma mater” y mantienen a duras penas esa fábrica de títulos con la magra esperanza de llegar a ‘eméritos’ algún día y arañarle tres añitos a la jubilación. No sé cuántos Murillos de los míos habrá por esos mundos de Dios ni cuántos JF desperdigados por tantos grupos y laboratorios ajenos donde nos ganan día a día la carrera del tiempo estos herejes tan orientados. Ignoro qué bonanzas nos traerá el flamante ministerio, pero hasta ahora lo que nosotros hemos tenido han  sido leyes, muchas leyes, y retórica por un tubo, pero becas de hambre y puertas cerradas. ¡Que inventen ellos!, ya saben. Como en el XVII, seguimos rutinarios y decadentes, aunque el progreso inevitable –el que acarrea el tiempo por sí solo– nos lleve en volandas. Porque, además, si lo de los Murillos no tiene arreglo, lo de nuestros sabios jóvenes sí que lo tiene. Con que le pagaran lo que a un concejal, no creo que JF, pero seguro que muchos otros volverían encantados.

14 Comentarios

  1. 10:23
    “lo que nosotros hemos tenido han sido leyes, muchas leyes,”
    Fíjense que de sólo diez leyes que tienen varias religiones pocos adeptos de varios miles de millones cumplen apenas siete.

  2. Seguro que I. Berlin tiene algo que decir hoy. Yo por mi parte, no tengo más remedio que suscribir la columna en su enfoque, y apreciar la belleza del ejemplo de los «dos mercados», el de Murillo y el de los jóvenes investigadores actuales.

  3. No tengo nada que decir, el maestro lo ha dicho estupendamente. Los discípulos no matizamos, en todo caso ampliamos la información con ejemplos que sirven para asegurar que su discurso es correcto.

    Ahí va: Uno de las mejores actuaciones que han tenido los Gobiernos sucesivos en los último años han sido los denominados «contratados Ramón y Cajal», que hasta el nombre del «contrato» estaba bien elegido. Pues bien estos atrevidos que optaron por este procedimiento de incorporación están siendo «perseguidos» en las universidades, son considerados en muchos casos como becarios, y humillados con demasiada frecuencia por las autoridades académicas. Su pecado fue que fueron contratados a través de un proceso de selección en el que no pusieron sus «sucias» manos los rectores. Se incorporaron un número importante a la investigación y la docencia en las universidades y ahora ven que son tratados mucho peor que la mayoría de «indocumentados ágrafos» que se quedaron en la universidad «calentando la silla». Ah!, muy importante todos estos «contratados Ramón y Cajal» provenían de estancias post-doctorales fuera de España, incluso muchos ciudadanos no-españoles consiguieron entrar con este Programa con el único aval de su CV.

  4. Una preciosidadc de evocación de los Murillos, una lección sobre las políticas de protección a los investigadores. Nada mejor que un buen ejemplo. Y nunca más grata la lección que bien servida en un contexto tan estupendo.

  5. Elk elogio de los Murillos, casi desconocidos de la mayoría, me ha traido a la cabeza mis experioencias de viajewro, También yo los encontrñe por ahí, y tanbién los admirñe conn envidia como jagm. Hay dos en Viena, en efecto, matavillosos, lamento no conocer los de Munich.

  6. Eso de que cambiaría todas las Inmaculadas por una escena castiza, me ha llegado al alma. Yo también. El maestro Angulo le daría la razón y sospecho que Murillo también.
    Quien no se la daría es Bernat Soria, que se inventó un curriculum de investigador en Singapur, pero eso es algo de lo que ja pasa, supongo.

  7. ‘…oportunistas y estampillados…’ ¿De qué me suena a mí esto? Maldito Alzheimer. Ya no hace falta ser concejalillo, huy perdón, o concejalilla, de tradiciones, ferias y cohetes, para trincar una viruta curiosa a fin de mes. Basta con que esa concejalía cree y estampille tres asesorías -ya se sabe, Tradiciones, una, Cohetes, dos y Ferias, tres- cuyos titulares sacarán con un mínimo esfuerzo lo que un doctor con dieciseis años de expreriencia en el extranjero, un tocho de publicaciones y varios idiomas puede conseguir en un semestre. Bisiesto.

    Ah, claro que hablan usías del gaudeamus igitur. El nepotismo y la taifa cerrada con que aún se rige la institución, hacen que mantenga su actualidad lo que decía un viejo cátedro -ya lo era a principios de los setenta- que lleva décadas criando malvas: ‘he sido muchos años lengua, pero por fin me toca ser culo’.

    Aquí el más tonto hace relojes. El que salga un poquito trabajador y/o constante y/o estudioso lo lleva clarinete: la emigración o el exilio. Los méritos y la excelencia son papel mojado. En la Junta de Andalucía tenemos una Consejera, cuya titulación académica es Puericultora, no sabemos si por FP o por correspondencia. A Madrid Ha Ido de Ministra una chica joven, que no sabía de flamenco cuando la elevaron a no sé qué del ramo y ahora ya tiene como Cv su discursito aprendido sobre la igualdad, no sabemos si sobre la fraternidad -algún hermanito estará también en el ajo- pero lo de la libertad… Es que la palabrita tiene su guasa.

    Machista la p… vieja esta sonada, me dirá ya mismo el sociata de guardia. Aunque parece que el puesto está ‘sede vacante’. Nos ha merengao.

  8. Me encantan algunos Murillos, y recuerdo perfectamente el de dos mendigos tahures jugando a las cartas.
    La fuga de cerebros es mala cosa.Así se empobrecen los pueblos.

  9. Padre de un investigador de trayectoria parecida, le agradezco en el corazón que trate el tema de la forma en que lo ha hecho, con mesura y con tan brillante elegancia. Los españoles no nos merecemos nada, los políticos se lo merecen todo. ¿De verdad confía usted en el nuevo ministerio?

  10. Mi preferido: La vieja despiojando a un niño (su nieto, seguro), mientras este, relajado, se come goloso un trozo de pan y juguetea con un canecillo de color canela. No sé, pero me imagino al Jefe contemplándolo con arrobo en el Alte Pinakothek de Munich, mientras evoca a su nietecillo.

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