El escándalo provocado por la vida personal del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, con sus orgías menoreras y sus putones de lujo, recuerda cada día más la leyenda del Tiberio encerrado en su isla de Capri al que, por esa razón, los romanos motejaban “el Cabronazo”. Sólo que veinte siglos mal contados después, es decir, cuando ya retozar con niños en una piscina o despeñarlos tras su ‘uso’ por un acantilado excede con mucho el arbitrio de un poderoso. A mí, personalmente, lo de Berlusconi me sugiere más, en todo caso, el perfil de ese “eterno masculino” que es el paradigma de ‘Don Juan’, aquel delincuente indultado por el sentimentalismo romántico al que, con toda razón, el moralismo barroco había condenado sin remedio. Lo digo porque Don Juan es ante todo la trasgresión favorecida por la impunidad, pero también, de paso, esa vidriosa conciencia predatoria que convierte la relación amorosa en una competición y el amor mismo en un lance ‘honroso’. Lo confirma esa frase arquetípica con que ha tratado de espantar el fantasma del delito (inducción a la prostitución) que le ronda desde que una rabiza le grabó en su residencia privada y que encaja divinamente con el meollo del donjuanismo más convencional: “Nunca he entendido qué satisfacción puede haber sin  el placer de la conquista”. Ya ven qué macho, ya ven qué estricta observancia del catecismo hombreriego, ése que cifra el placer (y el mérito, no se olvide) de la aventura a amorosa en su inexcusable condición de conquista. Para Don Juan vale todo, desde el engaño al rapto pasando por el homicidio, pero no el gesto de la retribución que supondría, desde su óptica ruda y simplista, un demérito irreparable. Berlusconi es un Don Juan de pacotilla, que incluso se hace injertar el bisoñé, pero también un Tenorio de estricta observancia que busca ante todo, probablemente, afirmar sus inseguridades sometiendo mujeres o ganando campeonatos. Un regalo, el ‘premier’.

 

Pero un ‘regalo, ojo, que parece ser que sus compatriotas aceptan encantados, a la vista del aumento de la popularidad de ese gran bobo que ha subido incluso en estos meses de controversia. Es verdad que ese raquítico 16 y pico de participación registrado en el reciente referéndum deja entrever un indudable distanciamiento del electorado respecto de la vida pública, pero también lo es que ese 52 por ciento que lo apoya contra viento y marea implica un desastre quizá irreparable de una moral social que, por otra parte, hace tiempo que asumió que se cambien las leyes para exculpar al Poder. Berlusconi es acaso la medida de esa sociedad política en descomposición y el molde psíquico del amable escepticismo de su pueblo. Pensar que por un quítame allá esas putas se habría de despeñar legalmente no es más que una explicable ingenuidad de la opinión extranjera.

5 Comentarios

  1. Creo recordar que se decía de JFK que sufría jaqueca si pasaba más de cuatro días sin desbravar la entrepierna con alguna modelo.

    Las cosas del poder y no poder.

    saludos cordiales

  2. Si Lucy fue nuestra tatarabisabuela allá en las profunidades de África, no olvidemos que en Atapuerca se ponían hermosos rejones hace la tira de años. O sea que ese casanovismo/donjuanismo no es más que una tradición, un atavismo que se ha quedado clavado en el macho del sapiens (¿mediterraneus?) que añora los tiempos en que era macho alfa, que marcaba territorios, que conquistaba su manada de hembras para luego tenerlas rendidas y siempre dispuestas a abrirse de patas.

    No es al fin y al cabo libre apareamiento porque se sienta cosquillas en la ingle, sino que es preciso el ritual de la conquista, el prenderse en la solapa la escarapela del vencedor y poder mirar un poco por encima del hombro al universo pleno.

    Por otra parte el injerto, que no bisoñé, berlusconiano tiene su acertada réplica en nuestro bonito presidente del congreso que entre tintes y lacas dedica un rato cada mañana a atusarse y alargar esa juventud que a partir de los sesenta el macho ve que se le escapa a chorros, igual que esa incontinencia de la gota procaz e inacabable que produce la próstata hipertrofiada.

    Nihil novum.

  3. Poderosas feromonas los fajos de machacantes y los minutos como velinas en cualquier programita de la caspo-tv del Cavaliere gerontócrata, que a pesar de lo que digan tiene ganada la condescendencia de no pocos-as dentro y fuera de la bota itálica.
    Dicen que la titular de la cartera de “Igualdad de Oportunidades” (jodé con el nombrecito), una tal Mara Carfagna, ha sido la que más lo ha defendido cual gata panza arriba desde que se destapó el affaire. Aquí a falta de Villas Certosas por lo menos nuestro Zetapé dispone del locuaz baboserío de la Pajín.
    ¡Ay!, la erótica del poder…..

  4. Es que no me apetece comentar esa tal noticia. ¿por qué se preocupan tanto de las costumbres sexuales de la gente, digo yo? Debería estar prohibido hablar de ello. Otra cosa es denunciarlos ante los tribunales si fuese preciso.
    Besos per tutti.

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