El mismo día en que el papa Ratzinger declaraba a la prensa su propósito de abrir sitio a la mujer en la Iglesia concediéndole un “espacio apropiado” aunque no, por supuesto, el derecho al sacerdocio, un crimen horrendo ha sido descubierto en Sarezzo, por tierras de Brescia, donde la policía ha descubierto el cuerpo degollado de una joven veinteañera sacrificada por los machos del clan, reo de haber cometido un “crimen de honor”: el de ennoviarse con un carpinterito y aceptar, de paso, trabajo en una pizzería en lugar de volver a Pakistán para cumplir el compromiso paterno de casarla con un primo desconocido. La degollada había sido sepultada en el propio patio de la casa paterna enfundada en sus libertarios ‘vaqueros’ pero envuelta en el sudario blanco de la ley musulmana y, cómo no, con la cabeza orientada a La Meca como mandan los cánones, dando así cumplimiento a la sentencia inapelable dictada por el cenáculo masculino. Y como era de esperar, hay en todo el país reacciones para todos los gustos, desde las xenófobas que aprovechan el trago para argumentar que cualquier convivencia con los “diferentes” resulta imposible en la práctica, hasta la de los mismos imanes islámicos que, al menos en algunos casos, han declarado imprescindible que se acepte la fórmula de la integración social del inmigrante como única salida a ese conflicto de civilizaciones que algunos se empeñan en mostrarnos por el revés. Hasta el presidente de la comunidad pakistaní ha salido a los medios para acabar de arreglarlo asegurando que sólo en Suecia se habrían producido últimamente, sin salir de la misma comunidad, al menos cuatro casos como el de la muchacha de Sarezzo, y que en Inglaterra ese tipo de hechos están a la orden del día. Se habla ya incluso de “integración obligatoria” pero en Padua se preguntan a ambos lados del Muro recién levantado por las autoridades en torno al gueto inmigrante cómo coños se pone en pie un proyecto semejante. Lo que está claro es que no parece negociable la paz social con colectivos en cuyas culturas se incluyen atavismos como la norma que faculta a los machos de la familia a sacrificar a la hembra díscola que osa romper la tradición y a los muslines a sostener que la unión con un infiel degrada sin remedio a la hembra. No sé de qué se quejan, en fin de cuentas, las diáconas rebeldes de Ratzinger. A ellas, al menos de momento, no se las puede degollar.

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Podemos darle las vueltas que se quieran pero no conseguiremos probar que la conciliación entre una comunidad patriarcal rigurosa y un entorno laico es posible. No lo es. Muchas familias españolas fuerzan a sus hijas –que también gastan ‘jeans’ y muestran encantadas el ombligo a espaldas de los suyos—a casarse en Marruecos con novios comprometidos por los machos. Y lo que es peor, las llevan allá para sufrir la ablación ritual, una práctica generalizada que constituye hoy por hoy uno de los máximos oprobios de la civilización occidental que los consiente o disimula en su propio territorio. Por lo demás, hasta nuestras mujeres emancipadas, incluidas las militantes, guardan discretos silencios en torno a estas evidencias incompatibles con las pueriles utopías oficiales de la alianza civilizatoria. Se rebelan por un comentario sobre el escote de una diputada pero extreman el tacto a la hora de afrontar situaciones límite que demuestran una sumisión radical de la mujer que no excluye siquiera la degollina en caso de rebeldía. Con derecho a ser amortajada tradicionalmente y a su orientación ritual hacia La Meca, desde luego, pero no a ser reconocida –como es norma característica del despreciado Occidente—como igual entre los iguales. Antier en Sarezzo, a las puertas de la pizzería donde trabajaba la víctima, sus compatriotas le rendían un duelo desconcertado. Por si les sirve de consuelo, digamos que no es menor el desconcierto de nuestros altos dirigentes.

4 Comentarios

  1. Luego de unos dias asueto, vuelvo al blog de mis amores, y me encuentro con temas pasados de los cuales no hay más que hablar ycon él de hoy, que trata de la mujer emigrante y de su doble marginación, – por mujer y por emigrante – temas ya tratados por separado, complejísimos y de imposible solución, hoy por hoy, y menos sin una política de integración clara, generosa y firme.
    Pero como profe, lo que sí puedo decirles, es que la integración se hará por las mujeres, o no se hará : ellas quieren integrarse. He tenido el caso de una jovenn, buen estudiante, que pedía que la hiciéramos repetir para seguir escolarizada y no tener que ir a casarse con un tío en el bled. Legalmente no podemos hacer nada.
    En cambio, la excisión del clitoris es un delito y está prohibida.
    Al margen de todo esto, gracias por existir, gracias a nuestro Anfitrión, gracias a doña Epi, con la cual discrepo a menudo pero que escribe que es una gozada, (aunque a veces la robustez de su discurso parece más propia de unos amigotes tomando unas copas , que de una doña, más del Arcipreste que de Concha Espina!) Y a don Griyo, que con los dos otros forman mi trio de predilección!

  2. Jueves, 9:08 a.m. (Me disculpen si servidora se aplica a la cosa demasiado tarde. O demasiado temprano. Según se mire. Según.)

    (Gracias, mi doña Cibelina. Aceptado que mi lenguaje es a veces tabernario. También es cierto que una a veces se pasa con la botella. Algún vicio había de tener.)

    Pero una vez más traigo a colación la fraternidad, el parentesco del que don Juanito el Fratricida hace gala con los más recios varones de la babucha. Que si «mi hermano» -el que murió hace unos años y hasta derramó por él unas lagrimitas de cocodrilo-, que «si mi sobrino» -el que nos envía oleadas de desgraciados en zodiacs, sobrecargadas además de chocolate de Ketama-, que si «mis primos» -y tanto, con lo que les costó recuperar los millones de dólares prestados, que el Manco prestidigitó-…

    Alguien más listo que yo ya afirmó que sigue habiendo un foso abismal de clases, donde el lumpenproletariat lo forman esos cientos de millones de mujeres musulmanas, basura para sus señoritos varones. No hay que llamarse Fallaci para afirmar que es totalmente falta de dignidad y absolutamente despreciable una religión que promete a sus esforzados chicosbomba un paraíso de huríes, todas vírgenes por supuesto -y se supone que también clitorictomizadas- sin que sepamos si a las susodichas se les pide autorización para que el héroe morito se refocile en ellas. Que por cierto, alguien me conteste a qué paraíso van las hijas del Profeta que hayan cumplido sumisas su misión en la tierra, de caminar varios pasos detrás de su esposo junto a otras varias desgraciadas esposas y aceptar su cambio por un camello o una cabra, cuando ya su rendija sexual y su trabajo de burra no sea apetecible para su señor.

    Cuando oigo hablar del Misericordioso que permite -y bendice, según parece- tanta indignidad, tanto desprecio y tanta ofensa, lo menos que se me ocurre es escribir su nombre sobre la arena y defecar sobre él.

  3. 11:31 17/08/06
    “a qué paraíso van las hijas del Profeta que hayan cumplido sumisas su misión en la tierra,”
    Elemental, querida Epi, las mujeres, en el Islam, no tienen alma. En el cristianismo no la tuvieron hasta no sé qué siglo.

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