El Gobierno acaba de muñir un arreglo económico con las regiones españolas que liquida de hecho la solidaridad nacional. Con la complicidad de las autonomías del partido en el poder, además, entre ellas la de Andalucía. La debilidad política de Zapatero, en manos de los partidos catalanes, se ha decidido, como era de esperar, por su continuidad en el poder antes que por una solución equitativa. Y los catalanes, que se llevan mucho más del máximo previsto, lo han celebrado con regodeo: “ZP no va a poner en riesgo su estabilidad por tan poco dinero” ha dicho uno de ellos; “Hemos plantado cara al Estado y hemos ganado”, refriega otro. Y es verdad. Los que hemos perdido somos los demás para que ZP no caiga de su cargo.

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