A media noche del viernes fusilaron, al fin, en la prisión de Utah a Ronnie L.Gardner. Le dieron a elegir el tipo de castigo y él eligió el pelotón despreciando su alternativa, que era la inyección letal. También rechazó el privilegio de la última cena por absurdo y para abreviar el trance. De manera que fue conducido vacilante hasta una estancia y atado con correas a una sólida silla situada ante un paredón de madera en un siniestro estrado. En el pecho le colocaron una escarapela roja fijada con velcro para que los cinco escopeteros afinaran la puntería, un  total de diez disparos a quemarropa. Es más rápido, más económico, según dicen, el viejo procedimiento castrense que viene del predador ancestral, aunque no cabe duda de que esa suerte de guiñol permite entrever más a las claras brutalidad del suplicio: diez balazos a bocajarro sobre un cuerpo inmóvil. Dicen que la última víctima, un tal Taylor, eligió también el pelotón “para avergonzar a la autoridad” y que hay en la actualidad, en todo caso, otros cuatro presos dispuestos a repartirse otras cuarenta balas. En cuanto a Gardner –reo de asesinato en su juventud—no ha llegado al paredón antes de cumplir veinticinco años en el corredor de la muerte, una condena de órdago si, por ejemplo, la comparamos con las que cumplen nuestros asesinos. ¿Para qué matarlo a estas alturas, entonces? Pues según la autoridad concernida porque Gardner no debía pagar sólo a los deudos de su víctima sino a la sociedad. La Sociedad, ese monstruo insaciable, ¡qué gran excusa! Desde 1976, año en que se restableció la barbarie en los EEUU, a la Sociedad han pagado ya otros 1.217 pringaos, incluidos inocentes luego probados y varios retrasados mentales. A algunos incluso se les ha dado, como ven, la opción de elegir.

 

Ninguna de las polémicas que giran alrededor de la pena capital es comparable al farisaico debate de la “humanidad” del método. No sólo porque todos los imaginados hasta ahora resultaron ser atroces, sino porque lo que esconden todas ellas es la ilegitimidad radical de la pena misma. ¿Quién puede arrebatar la vida a alguien en nombre de la defensa de la sociedad pudiendo garantizar ésta manteniendo aquella a buen recaudo? ¿Y qué quiere decir, en el marco de una sociedad civilizada, que un suplicio es más “humano” que otro cuando lo que el suplicio conlleva, por encima de todo, es el argumento definitivo de la pérdida de la vida? No hay métodos piadosos en el cadalso, sino impiedad y degradación de la justicia en venganza. La imagen de un hombre desvencijado con un boquete abierto en el pecho por diez balazos lo dice todo sobre el humanismo de los verdugos.

10 Comentarios

  1. Otro tema recurrente en este dignísimo y preocupado, responsable, columnista, al que no interesan demasiado las hablillas políticos, como a tantos compañeros de profesión. Él predica en el desierto, aunque puede que en ese desierto haya más nómadas de lo que quepa imaginar. Aquí me tienen a mí cada mañana, atenta a lo que nos dice un autor coin el que, sin embargo, guardo distancias ideológicas muy grandes.

  2. No nos dice nuestro amigo ja cuántos voluntarios presentaron su candidatura a verdugos.

    Estos días atrás se puede haber visto en la prensa de Utah anuncios de este tenor: “Se necesitan asesinos, buena presencia, don de gentes. Imprescindible alguna puntería por modesta que sea”

  3. Celebro esa rotundidad del título: Estado asesino. No tiene ni merece otro nombre. El espectáculo de EEUU en cuanto potencia hegemónica es lam entable. No se puede vender un ideal moral –ni siuqiera legal– mientras el Estado se comporte así.

  4. Esa imagen del fusilado espanta a cualquiera. Si encima se presenta como un resultado de la compasión que ofrece “métodos humanitarios” para destrozar a un ser vivo, mejor ni verla. La pena de muerte desaparecerá pero temo que hay demasiados ancñajes todavía en un a mentalidad salvaje inspirada en el miedo y en el deseo de venganza.

  5. Echo de menos la protesta progresista universal cuando se trata de estos grandes Estados. Si el comportamiento de los USA lo tuviera un país medio o pequeño, lo freirían a críticas, por la izuqierda y quizá también por la derecha.

  6. En nuestro Parlamento se oyeron proyectos de mmantener lapena de muerte “para casos de guerra”. Fue Tierno quien les prestó voz. Cuando los últimos fusilamientos de la dictadura todavía hubio bastantes sectores entre nosotros que “hilaban fino” distinguiendo casos y casos. Luego todo ha cambiado en pocom tiempo, aunque es sabido y aquí se ha escrito que cada vez que ETA atenta o los islamistas hacen una de sus barbaridades, sube como mla espuma el número de partidarios de restablecer lo que jagm llama el suplicio. Como ya pasó en los Estados Unidos. ¿Por qué no habría de ocurrir aquí en la civilizada Europa?

  7. Como cristiana condeno la pena de muerte. Como simple ciudadana de a pie a veces me dan ramalazos de cruel “ejemplaridad”. Pero si me paro a pensarlo, creo que don José António tiene razón…..por desgracia.
    Un beso a todos.

  8. Cuesta entender la supervivencia de esa institución en la vida civilizada. Sobre todo, contrasta con el énfasis en los derechos humanos y, en particular, con la alta valoración, al menos teórica, de la vida. Pero no olvidemos que el principio del talión es consustancial a la cultura humana en general. Lo que describe jagm es terrible, inhumano. Y lleva razón en que lo peor de esta cuestión es el debate sobre los “métodos humanos”.

  9. Quien mata a un hombre asesino es tan asesino como él. No sabemos qué hacer con las penas, se vive una crisis del derecho penal y no digamos del penitenciario. La polémica sobre la cadena perpetua o el simple comumplimiento íntegro de las penas cuando no concurran circunstancias excepcionalmente favorables al reo, nos mantiene atrapados, pero acabará imponiéndose. De todas maneras, el 11-S y lo que ha venido detrás ha afirmado la conciencia favorable a la pena de muerte mucho más de lo que podamos creer.

  10. Tan “solo” hay unos noventa países, he aquí algunos, que mantienen la pena capital en sus códigos penales:

    AFGANISTÁN,
    CUBA -la Cuba de nuestros progretas-
    KENIA,
    ARABIA SAUDÍ -dejan mucha pasta en ECI de Marbella-
    SIRIA,
    ARGELIA,
    EGIPTO,
    SOMALIA -los muy piratas-
    EMIRATOS ÁRABES UNIDOS,
    AUTORIDAD PALESTINA -con su kufiya-
    BAHAMAS y sus bancos secretos,
    ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA,
    FEDERACIÓN RUSA,
    MARRUECOS -el querido sobrino del sur-
    TÚNEZ -tan turística-
    GUATEMALA,
    MAURITANIA,
    MONGOLIA,
    GUINEA ECUATORIAL,
    UGANDA,
    BURUNDI,
    NIGERIA,
    CAMERÚN,
    INDIA, con sus informáticos,
    VIETNAM,
    INDONESIA,
    PAKISTÁN,
    CHILE -tan cultos ellos-
    IRÁN -ni que decir tiene-
    CHINA (República Popular) -con reos despojados de órganos transplantables- IRAQ,
    RUANDA,
    CONGO (República Democrática, ja ja ja ),
    JAPÓN -lo más normal-
    COREA (República Democrática Popular, Corea del Norte, jo jo jo),
    JORDANIA -con su reina tan guapita-
    y otros menos conocidos.

    Muchos pájaros comen trigo, pero solo vemos al gorrión.

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