Boadella ha estrenado en Sevilla su nuevo montaje, “Omega-G”, un ‘esperpento’ con todas las de la ley de este Valle-Inclán hodierno. Ha cambiado la cejilla, Boadella, para adaptar la comicidad de su clásico sarcasmo a la ‘materia trágica’, como decían nuestros preceptistas, y hay que decir que ni le ha temblado el pulso ni le falló la nueva falseta. El ‘esperpento’ funciona extremando la realidad, exponiéndola en su condición hiperbólica, para que el efecto sobre la conciencia, como el del reflujo de una marea sentimental, acabe conciliando cuerdamente el vitriolo y la compasión, la risa y el llanto. Los viejos, por ejemplo, y noten que renuncio a la ‘corrección’ de decir ancianos, no serán plenamente visibles mientras no se les muestre desnudos en su desmesurada desdicha de manera que su suerte nos alcance amenazadora hasta ponernos de su parte, que es lo que logra el espectáculo de Boadella. Insisto en que nunca estuvo más cerca de Valle este dramaturgo insobornable que ha desvelado ya tantos retratos de la realidad española, pero quizá nunca con el compromiso moral que implica este radical desafío a las bondades convencionales: la vejez es una catástrofe, una tragedia anunciada e inevitable, frente a la que la lógica social arbitra paliativos y cataplasmas sin la menor relación con la piedad verdadera. Sarcasmo y humor, guasa y miserabilismo, mezclados con mano maestra en la coctelera de los tópicos sobre los que se desliza el psiquismo colectivo. Conmueve y divierte la función de Boadella como un eco puesto al día de las “ternuras secretas” que se atribuyen a las viejas ‘divinas palabras’. Insisto en que Boadella es el Valle-Inclán actual y su dramaturgia una reinvención de aquella fuerza de la naturaleza que mostró en bragas a una España declinante.

 

Se ha sostenido –Maravall, por ejemplo—que nuestro teatro clásico fue un aparato de propaganda, un instrumento plenamente consciente al servicio de la monarquía señorial-feudal, para la que trabajaba procurando la ‘integración’ colectiva en el sistema de valores que la mantenían vigorosa. Valle o Boadella –no me preocupa repetir el parangón—hacen lo propio pero invirtiendo el transparente de manera que el tragicómico envés de la realidad social se recomponga a la vista de todos rescatado del espejo cóncavo, unos viejos decrépitos perdidos en sus sueños y extraviados en un entorno desdeñoso, una instantánea del destino captada por un fotomatón implacable y compasivo. Música y lágrimas. El teatro no merecería la pena si no estallara de vez en cuando en esta pirotecnia deliciosa que divierte hasta la hilaridad al tiempo que, con mano de hierro, nos anuda la garganta.

7 Comentarios

  1. ¡Caray, maestro, ¿tanto te ha gustado? âra que tú hagas esa comnparación con tu Valle, la cosa debe de ser de abrigo. Realmente Boadella es una de las mentes preclaras de esta época y eso, como leocurriera también a Vallefama y anécdotas aparte, no suele reconocerse en el presente. Iré a verlo en cuanto pueda.

  2. Malos tiempos aquellos en que el buhonero triunfafuera de su tierra tras ser forzado al exilio. Lo de Boadella es una demostración de independencia de la buena, no de la estúpida y pueblerina por la que bracean tipejos como los que todos conocemos. Enhorabuena a Boaedella por su éxito. Al menos él tienela posibilidad de triunfar.

  3. Atrevifa afirmación, pero ja sabe lo que dice, en especial hablando de Valle. Habrá que ver esa obra que, no sé por qué, me da la impresón de que va a ser muy triste. por encima de la comicidad.

  4. Elogios exagerados, que viniendo del columnista se entienden por su sesgo político que va más allá de lo puramente teatral.
    La obra no es tan flojita como la anterior de «La Cena» pero en todo caso denota la clara decadencia de «Els Joglars», aunque eso sí, suficiente para un público tan cateto como el sevillano.

  5. Distinguido don Jaime. s’ha pasao. ¿cual es la ideología de Boadella,dónde estaba ustedd cuando Boadella estaba en prisiones militares, de las que escapó, qué tiene que ver jagm con Boadella ideológicamente en el pasado ni ahora? Hay gente que busca en el teatro funciones «redondas», como don Jaime, a quien damos la bienvenida a pesar de su irrupción. Seguro que le chifla Pilar Bardm, pero ¿decadencia de Jotglars? Qué cierto es que el teatro escuece más qu ele vinagre.

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