Goya lo pintó en forma de gigante imparable que avanza dispersando las multitudes y estos días acabamos de verlo en Roma tras el anuncio masivo por Internet de un reclamo que ponía en sobreaviso a los romanos ante un inminente terremoto que el pasado 11 de mayo habría de destruir hasta los cimientos la Ciudad Eterna. Se trataba de una suerte de profecía enunciada por un sismólogo autodidacta, Raffaele Bendandi, empeñado en la predictibilidad de los movimientos sísmicos que él creía a pies juntilla obedecerían a la lógica celeste de la conjunción de los astros, y que tuvo la fortuna de predecir el  seísmo ocurrido en los Abruzzos durante la primera Gran Guerra, teoría rechazada de plano por la comunidad científica pero que ha acabado movilizando en la Red nada menos que nueve millones de páginas. Lo notable es que un intenso ajetreo ciudadano ha asolado Roma, en efecto, la víspera del improbable suceso, en la que un alto número de funcionarios se han ausentado del trabajo y han cerrado sus puertas, al parecer, los innumerables comercios regentados por chinos, mientras la población, siguiendo a la pitia de Facebook, se retiraba a lugares despejados como parques y jardines huyendo del siniestro anunciado. No merece la pena hablar sobre la predictiva en sí misma –e incluyo a Delfos, por razones que hoy nos sobran—puesto que sabemos que desde la tele a los rayos X pasando por el propio teléfono o el submarino fueron en su momento vaticinados como sucesos imposibles o efímeros por otros tantos visionarios. Lo que interesa, a mi modo de ver, es la credulidad misma, la accesibilidad de las conciencias a la patraña, lo fácil que le resulta a la superchería encontrar eco allí mismo donde se cuestionan tantas veces las evidencias más rotundas.

El gigante de Goya, ya les decía, símbolo del miedo absoluto, supremo y, por eso mismo, irracional, mero objeto de fe, que es lo que creo yo que el maestro trató de sugerir, abismado en su sordera, a la vista de los horrores que le tocó presenciar. Aunque hay que convenir que esta psicología de masas ha entrado en una nueva era con el rollo cibernético y sus consecuencias sobre la mentalidad desprevenida, porque tiene mandanga la aventura de asolar Roma con un rumor surgido de no se sabe dónde pero al que se adhirieron sin vacilar multitudes que, como las romanas, cabría presumir que están de vueltas de todo. Es la lucha contra la credulidad lo que los nuevos medios deberían asumir como tarea propia. Porque la libertad no es compatible con la falsía ni la humanidad puede ser cabal si no está a resguardo de aventuras como ésta de Bendandi.

8 Comentarios

  1. La masas son fáciles de manejar, ¿que no?, pues ahí tienen un ejemplom magnífico. Hay que ver lo que significa quetoda una Roma se asuste de un vaticinio, aunque bien es cierto que en ella siempre se creyó en esos vaticinios y augurios. Pero en nuestra era resulta incomprensible, incluso en una sociedad como la italiana actual. Ahí lo dejo.

  2. En el ser humano combaten dos tendencias a menudo opuestas (salvo cuando espiritus sabios tratan de conyugarlos bajo las dos especies, por ej fé y razón ) la razón pura y el resto, que si se mira bien es mucho mas vasto pués se puede llamar “instincto” y en ese caso tiene su origen en nuestro cuerpo físico, en nuestra “animalidad” y también puede ser “espiritualidad”.
    Siempre he creído que la parte irracional de la humanidad es, ha sido y será la misma. Lo que cambia es unicamente lo que se cree posible. Antes todos creían en la virginidad de María, y en la existencia de los ángeles, arcangeles. Hoy si dices eso todo el mundo se troncha pero las sectas satánicas proliferan, una gran parte de los lectores del Da Vinci Code piensa que el libro es un relato verídico, y los jóvenes creen que los vampiros existen y no son murciélagos.
    Besos a todos

  3. Lleva razón la columna en denunciar la credulidad idiota, y la lleva doma Marta al contraponer el escepticismo con esa credulidad: no a la Trascendencia… religiosa, ortodoxa o heterodoxa; sí a la superchería. Lam nundo éste en el que tal contradicción es santo y seña. Roma austada por un rumot menetecato es, en efecto, un escándalo psicológico y cultural.

  4. Pero es que yo no acabo de tragarme eso de Roma la bola difundida del terremoto. En todo caso, mala oportunidad para traer este tema coincidiendo con lo de Lorca.

  5. Cada uno es libre de creer lo que pueda o quiera, don Escama, pero dé por cierto lo que se cuenta aquí. Por si le sirve, le diré que un alumno mío, becado en Roma desde hace dos años, me describe los hechos de manera muy parecida a como los han descrito los medios, que son la fuente de jagm. En cuanto a mí, poco amigo de Ortega en punto a teoría de masas, admito que éstas son manipulables, en efecto, e incluso me atrevería a decir que de lo más manipulables. ¿Quién necesita demostración de algo tan comprobado?

  6. Certifico que mis alumnos de secundaria están más dispuestos siempre a tragarse los Códigos da Vinci que los teoremas de Pitágoras. ¿Qué tiene de raro que Roma se muestre tan infantil? ¿No aplaude todavía a Berlusconi?

  7. Soy nuevo en los recados pero no en la lectura, para mí diaria, del blog, y aparezco hoy porque me paredcido un asunto graciosísimo y muy bien manejado. Y encima doña Clara me ha quitado de la boca el recadito para Berlusconi, dicho sea, por mi parte, desde el conocimiento cercano de Italia y mi admiración por ese país en derribo moral, ético y quizá hasta psicológico. No me extrañan incidentes como el del augurio en cuestión después de lo que hemos visto a ese pueblo aceptar a sus propios políticos. Saludos.

  8. Una cosa es Roma, el concepto que de la Ciudad Eterna tenemos, y otra distinta son los romanos, y los italianos en general, aún habiendo tan acusadas diferencias entre ellos. Lo de la credulidad no me extraña demasiado, aunque realmente constituya un fenómeno curioso.

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