Las productoras sin conciencia han dado con un nuevo filón eficacísimo y barato para explotar el sentimiento morboso del público (de cualquier público, al parecer) a base de proponerle la paradoja que significa un candidato impresentable que acaba revelando un talento excepcional para la música. Pocos signos tan elocuentes de nuestra era como ése de los concursos televisivos en los que lo que se propone no es la búsqueda del talento sino el espectáculo de la privación y el sufrimiento, del mismo modo que lo que se busca no es tanto el mérito mismo del concursante como el contraste entre el personaje grotesco y sus impensables facultades, un género nuevo que inauguró al patético Paul Potts, continuó Susan Boyle y ahora acaba de ser rematado por una anciana china, enseñante jubilada de 80 años mal contados, también beneficiada con el ‘escarnio dorado’ que supone al salto a la fama en virtud precisamente del escandaloso contraste entre el personaje impropio y sus admirables facultades. Más allá de las ofertas millonarias y del éxito avasallador, la pobre Susan Boyle rumiaba hace poco su huida de ese escenario artificioso incapaz de resistir la enorme presión que suponía pare ella tan penoso papel, y algo parecido tengo entendido que ha ocurrido con Potts, víctimas ambos de la impiedad de un programa, el “Britain’s Got Talent”, especializado evidentemente no en el hallazgo de nuevos valores, sino de “casos raros” en los que la auténtica mercancía es la humillación del candidato tentado por la fama. Esa galería de monstruos es ya demasiado recurrente como para no evidenciar su malvado propósito, apenas disimulado tras el disfraz de la sorpresa casual. Después de todo no ha habido mujer barbuda o engendro bicípite que no se haya dejado retratar en la barraca.

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He escuchado la voz rotunda y clara de la viejecita china entonando una canción patriótica mientras los consabidos miembros ‘in’ del jurado ponían la proverbial y estudiada cara de estupor, y el público estallaba en una ovación cerrada con la sugestión de las viejas aclamaciones con que el circo acogía la victoria sorprendente del gladiador menos dotado frente al favorito. Y he sentido el mismo asco que en las ocasiones anteriores, la misma impotente indignación del contemporáneo que ve pudrirse su tiempo a su alrededor como una ingente gusanera. Wu Zhoutong luce el pelo blanco, el palmito vencido, y se apoya trabajosamente en su garrota, atenta sólo a las inflexiones precisas de su dignísima voz pero como asustada ante el fantasma de un público del que espera la limosna que supone el premio a su impropiedad, ese ‘escarnio dorado’. Dicen que el fracaso final de la Boyle está ocupando más espacio en la prensa británica que el desprecio francés a la reina y, por supuesto, que el ruido de la discusión europea. Ése es también el mundo en que andamos pregonando unos valores que esos pobres adefesios agradecen con sonrisa de artista mientras tienden la mano de bufón.

14 Comentarios

  1. No podría estar más de acuerdo con usted, ni con ese título magnífico que tan bien retrata la situación. Es una canallada exhibir personajes «paradójicos», es decir, humillarlos obligándolos a demostrar su capacidad para considerarlos favorablemente. Se agradece esta protesta caritativa, huy, perdón, «solidaria», que es lo que se dice ahora. Alguien debe conservar la cabeza en este mundo despiadado.

  2. No sé si se ha enterado de que la Boyle ha perdido, ¡encima! el concurso, con lo que todavía se aumenta el morbo de la cosa. Es repugnante lo que usted critica con toda razón, aunque es comprensible que los desgraciados, los «feos», hagan lo que sea por el «salto a la fama».

  3. Curiosa la moda de ese «salto a la fama» que se ha impuestop, tentador de nuestros jóvenes, que ven en la única salida rápida de su pésima perspectiva, pero en elq ue también parrticipan encantados los adultos. Esto de escoger feos es como lo de buscar famosos para que hagan el ridículo y se «rebajen» buscándose la vida con las uñas negras en una isla de pacotilla. Estamos cada vez peor en este sentido pero las audiencias mandan.

  4. Justa crítica. Da asco ver esas exhibiciones crueles, con los protagonistas soportando su papel de monstruos y los jurados poniendo cara de sorprendidos. Nada es genmuino en tv. Ni los aplausos, ni los jurados, ni los temas, ni los personajes: todo está pensado para excitar el afán morboso de uan audiencia pervetirda que ella misma ha contribuido a crear.

  5. En «Historias de la radio», de Sáenz de Heredia, allá por los 50, se muestra como el reclamo de las sonrisas y lágrimas, el tránsito desde la mofa a la compasión, adornada con elevadas dosis de generosidad del patrocinador, etc., no es nada que acabe de inventarse, precisamente.

    http://www.youtube.com/watch?v=rA1OdE6vOno

    En este caso, la complicidad (que parece genuina, don Eleuterio) del público no dista mucho de la encontrada en Britain’s Got Talent. Y detrás de una audiencia complacida y emocionada, está el share.
    Saludos cordiales

  6. Impagable ha sido la reproducción con que nos obsequia Rafa para probar la antigüedad de este canallesco «invento» que consiste en colocar la desdicha ajena entre la compasión y la befa. Lo que ocurre es que hoy, con el efecto difusor universal que hemos alcanzado, todo e smucho más grave y sangrante. Si me apuram, aquel miserabilismo de la era franquista no resultaba tan enconadamente canalla como el de ahora. Lo que le han hecho a pobre Boyle (perder en la final) es el colmo: se trata de prolongar la novela todo lo posible. Infame.

  7. Me alegra mucho escuchar esto en la columna, porque me he preguntado muchas veces cñomo nadie se rebela ante el abuso de estos negociantes. Ni pido que, piratas como son, tengan piedad y menos misericordia, pero bastaría con que fueran un poco humanos para que se vieran reflejados en el espejo: los monstruos son ellos. Gracias querido jagm.

  8. Me parece que está todo dicho, pero aquí dejo mi adhesión, modesta e indignada. Cada vez que veo en la tele la cara de la Boyle o el Potts me pongo enfermo de pena, pero cada vez que veo las caritas de los «guapos» juzgadores, de buena gana cogería un látigo.

  9. Hay que armarse de valor para participar y reir las gracias de los que ocupan posiciones dominantes y aventajados respectos a los mas debiles

  10. Vale, don Vicente, pero note que los que ríen la «gracia» son, en muy alto númeor, sujetos que, considerados uno a uyno, podrían tal vez servir de irrisión en un programa paralelo. Y algo peor, que muchos de los degraddaso y sus deudos est´ñan encantados de haberse conocido… «monstruos pero famosos» y, con frecuencia, saliendo ricos de la aventura. Esto es lo del sádico que paga por causar sufrimiento y humillación, sólo que aquí estamos hablando del sádico colectivo, porque, al fin y al cabo, los que hacen los apaños de programa no son más que los mamporreros.

  11. No sé qué añadir, salvo mi complacencia por hallarme en tan buena compañía como son ustedes, incluyendo incluso a los vociferantes, que también cumplen su función, auqneu tal vez a ellos no se le alcance. Espero, eso sí, desde luego, el comment de doña Scéptika.

  12. Me ha rayao, mi don Heród, porque una servidora -tal vez hoy un poquito espesa aún sin haber ido al Rocío- pensaba sólo en un par de renglones que ahora serían ya un plagio de los suyos.

    Es hermoso, entre minas teñidas y bombas racimo electoralistas, recrearse en la lucidez y la com-pasión vertida en todo esto que nos precede: un Humanista que escribe en los periódicos y una grey entusiasta que comparte -de ahí la com-pasión anterior- asuntos y sentimientos.

    Al paso que va la burra ni nos podemos imaginar qué sea eso del medio plazo, porque en el largo ya ni soñamos. ¿Sucumbieron los grande imperios antiguos, las ignotas civilizaciones desaparecidas con gente lúcida que veía venir los bigbangs como está ocurriendo ahora?

  13. Una columna digna, un casino humanista. Qué más podemos pedir. Que esta cuestión no haya sido planteada en mil sitios da una idea de lo gastada que está la sensibilidad d elos publicistas, que no se cansan de sorayear y zapaterear, pero pasan sin mancharse a través del barro de la vida.

  14. Patético comentario, tan sensible y generoso, tan patético como esos hombres y mujeres al borde del abismo, con la tentación de poder pasar del dia a la mañana de no ser nadie a ser todo un icono, pero sabiendo, ahí en el fondo que todo ese oro es falso.
    Poignant, vraiment poignant.
    Muchas gracias por esta columna, don José António.

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