No entiendo las protestas maximalistas contra la libertad de opinión del Rey, es decir, del Jefe del Estado. Nadie debería negarle que opine a quien la Constitución encarga que arbitre y modere el funcionamiento de las instituciones porque si no opina ya me dirán como ejercer esas funciones. Ahora bien, lo que no es discutible es que la Constitución no otorga al Rey ninguna posibilidad de hacer política y hacer política en una democracia es intervenir a favor o en contra de un partido o de otro. El Rey puede opinar lo que tenga a bien pero, a tenor de la Constitución, no puede expresar esa opinión sino que ha de guardarla para sí. Y eso es lo que ha hecho ahora al pronunciarse a favor de una determinada estrategia antiterrorista cuya titularidad concierne en exclusiva al Gobierno y su crítica a la oposición. Al grano: decir que “hay que intentar” un logro como el irlandés es, obviamente, optar por una política que mantiene dividida a España no porque haya quien rechaza la paz, sino porque el atajo seguido por el Gobierno repugna a la mayoría de los españoles y compromete de modo fatal a la magistratura, dicho sea de pasada para evitar detenernos en esa tautología real que justifica el intento con el increíble argumento de que “si sale, sale”. En España no puede lograrse una foto como la irlandesa del otro día porque, en efecto, las cosas son completamente distintas. No hubo aquí como allá una historia terrible, cargada de excesos, ni una “metrópoli” déspota, ni un pueblo sometido. Ni hubo aquí, como allí, dos bandos irreconciliables, dos terrorismos simétricos, sino una banda montaraz enfrentada a todo un pueblo y, como ella diría, a su Estado legítimo. ¿Intentar qué, Señor? ¿Un gobierno de concentración presidido a dos manos por Otegui y Vera? Pues ésa y no otra es la realidad que traduciría la foto irlandesa: dos capos del terrorismo cainita al fin reconciliados en la poltrona del poder. No creo, francamente, que el Rey esté por mantener su opinión en estos términos.
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El proceso irlandés encara su recta final el día en que Clinton, sin previo aviso, suelta en Irlanda el rapapolvo exigiendo el final de la absurda guerra de clanes. A cambio ofrecía el Imperio convertir a la vieja y decrépita Irlanda –la famosa “Irlanda patatera”– en lo que la ha convertido, a saber, en una potencia europea –¡sólo en 20 años!–, en un portaviones de la industria puntera de los EEUU frente a la costa de la UE. En bien poco se parece la Irlanda que hoy prospera a ojos vista tras los capos de la foto a aquella en que surgió y se perpetuó esa tragedia que tuvo tanto de guerra de clanes como de conflicto de clases. Una burguesía media emergente –véase la evolución de la renta del país, o la revolución del mercado inmobiliario– quiere hoy, si no es que exige, la paz a unos fundamentalismos que ya no disponen de un pueblo hambriento al que enfrentrar consigo mismo. Y en todo caso, son esos mismos capos –ni siquiera son sus sucesores– quienes han cedido finalmente, tras una epopeya sangrienta como pocas, y han posado para la posteridad. ¿Qué tiene todo ello que ver –mitos aparte–con la situación del País Vasco en España, que tiene de común el logro irlandés con un eventual “intento” español que, insisto, tendría que terminar en una foto compartida por Otegui y Vera o, si lo prefieren, por González y Ternera? El Rey no puede estar mal informado y menos arriesgar sugerencias que nada tienen de reales, sobre todo sabiendo que si las hace esta apoyando a un partido en plena campaña electoral. ¿Intentar la paz? Pues, claro, a ver quién se opone a ese objetivo elemental que poco tiene que ver con las calculadas propuestas de unos negociadores que exigen desde la tolerancia del Gobierno hasta la sumisión de los jueces. El Rey se ha equivocado. Cualquier otra hipótesis sobre la declaración famosa pondría las cosas constitucionalmente peor.

5 Comentarios

  1. -Cada vez te pareces más a la abuela N., jodía- me dijo no hace mucho un/a pariente que me visitaba en el beaterio.

    Me temo que al señor de los mitrofanes le está pasando tres cuartos de lo mismo. Que a la vejez le va a dar por borbonear como el abuelito. (Por cierto que el señor Felón debía tener un divertículo esofágico y allí se le almacenaban restos de comida que se pudría y al prenda le cantaba el aliento desde dos metros de distancia).

    Conservo una foto del monarca actual en un casi abrazo con …, sí, con Glez. ambos con sonrisa de oreja a oreja. En su momento puse un comentario como pie de foto: ‘Tal para cual’. Quizás por eso no se llevaba bien con Ánsar, tan castellano y seriote.

    No sé si Sabino tiene el e-mail del Superuán o viceversa. Pero yo sí le pondría un emilio breve con un consejito: Calladito quedas más guapo, corasón.

  2. Día con dificultades de enlace. Otro. La columna, muy seria. La Sor muy divertida. El resto, de campo. Dios bendiga a todos.

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