Los fallos la sanidad y la enseñanza andaluzas no derivan solamente del maltrato que reciben sus sufridos currelantes. Hay en ellos vocación de sobra –está demostrado— pero tampoco es olvidable un hecho tan rotundo como es la injusta y absurda diferencia salarial entre ellos y los del resto de España. En ambos terrenos ha hecho mucho y bueno la autonomía, nadie lo duda, y por eso mismo es tan incomprensible (e intolerable) que la Junta, mientras gasta manirrota y se arruina por sus agujeros,  “ahorre” a base de regatear los cuartos mes a mes  a esos sanitarios y docentes que se dejan la piel en sus difíciles tareas. El nuevo Gobierno autónomo deberá probar que, además de denunciar estos despropósitos, es capaz de ponerles remedio. La expectación en este sentido es, sin duda, grande.

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