Los futbolistas de la nueva era gozan de un pingüe doble empleo: el deportivo y el publicitario. Hasta Zidane ha sucumbido a la tentación y ha posado con unas gafas de marca que le confieren, según Rubén Amón, una incierta sugestión clerical, lo mismo que a Thuram le proporcionan la suyas de concha, un punto arcaico, el toque pseudointelectual que buscan esos entrenadores coquetos, como Floro o Fernando Vázquez, que introdujeron en el fútbol macho la mariconería de los psicólogos de vestuario. Rubén ha recordado –no se pierdan esa pieza magistral– la aventura crepuscular de Marcello Lippi aunque se haya olvidado de aquel par protector que llevaba Edgar Davis y que, tras largo debate, acabó siendo admitido por los estrechos reglamentos. El propio David Beckham anda publicitando gafas de sol, y en Argentina hace tiempo que arrasan las gafas retro de aviador que popularizó el Cholo Simeone, ese tifón inextinguible. De la metrosexualidad a la pasarela no había más que un paso, y ahí tienen ya a desfilando con el torso desnudo a un Freddie Ljungberg vestido por Calvin Kleim que hace furor entre las hembras de medio planeta. Los dos grandes sueños fallidos del presidente Calderón, a saber, Kaká y Cristiano Ronaldo, no sólo le han dado calabazas a su chequera sino que han fichado, aquel por Armani (como Cayetano, ojo), y éste por Pepe Jeans. Las gafas ha sido siempre, si bien se mira, además de un calvario de chicos acomplejados, una tentación o un capricho de los héroes modernos, al menos desde que los Beattles hicieron famosas sus antiparras y los roqueros lograron poner de moda las famosas ‘Wayfarer’ de colores, toque de bruta coquetería y complemento del lisérgico. Uno recuerda a Audrey Hepburn, oculta tras sus enormes gafas oscuras y comiéndose un croissant ante el escaparate de ‘Tiffany’s’, y llega a pensar que cualquiera tiempo pasado fue mejor.
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Nadie esperaba que el negocio exponencial de los grandes clubs llegara a ser algún día la merca de camisetas con un número y un nombre idolatrado a la espalda. Pero eso es lo que hay, y tal vez no podía ser de otra manera en esta lonja idiota en la que sólo el club del mencionado presidente lleva gastada en fichajes esta temporada la bonita cifra de setenta mil millones de las viejas pesetas, y supongo que otro tanto se habrá pulido su eterno y politizado rival al que la independencia soñada podría acabar convirtiendo en su día, por más componendas que se arbitren, en un “primus sine pares”. Un futbolista anuncia hoy indistintamente un yogur o un cupidito para el pelo, unas zapatillas deportivas o una crema depiladora, como los toreros comienzan a placear las creaciones de la moda viril en ese mundo, cerrado y no poco sórdido, donde sólo imaginar que el nieto del Niño de la Palma iba a compaginar la tauromaquia con la publicidad exhibiéndose en un escaparate hubiera resultado escandaloso hace nada y menos, cuando todavía Hemingway bajaba a los sanfermines para admirar al abuelo. El héroe se ha convertido en un icono, cosa que, si no ando mal informado, ya ocurrió, en alguna medida, en el mundo clásico, en el que los atletas olímpicos eran imitados por los sofistas y los gladiadores circenses podían poner en el candelabro (vale) lo mismo un casco orientalizante que un rapado funcional. Sólo que hoy ese mensaje es universal y la camisola del gran club que tal vez tejen en China, se vende incluso donde no hay fútbol, como la zapatilla que a lo peor fabrica un niño esclavo que trabaja por el rancho y unas monedas, permite que a Tiger Woods, el rey golfista, le arreen veinte millones de pesetas diarias por llevar en los pies el logos de ‘Nike’. Los sociólogos dicen que la publicidad organiza a su propio destinatario. Coca-Cola arrebañándole la última moneda al nómada africano no les quitará la razón.

16 Comentarios

  1. Me toca la columna en un punto que me escuece de manera especial. En contra de lo que hoy llaman publicidad me saldría un puñado de folios y no estoy por dar demasiada brasa a los cobloggeros a quienes tanto aprecio y tanto me quieren.

    Pero destaca el Jefe que no son bizarros adonis con lo que se ha dado en llamar tableta de chocolate, donde reside junto al paquete, el grueso de sus córtex cerebrales. Ni tampoco a esas anórexicas desgraciadas que caminan como yegüitas de alta escuela luciendo esqueleto y unas tetitas de goma bajo tejidos transparentes.

    Son jovenzuelos -o no tanto- muchimillonarios que ya tienen un fortunón que les costea una masa de escasopensantes, gracias a unas patadas a una bola, unos paseítos por el green o unos pintureros pasitos ante la cara de un astado que puede tener un colocón de valium hasta los cuernos. No se conforman con su parte del bizcocho, sino que buscan comerse otra ración con la que comería una legión de famélicos.

    No son nada inocentes los medios. El colorín dominical de EM mismo, suele traer al principio unas páginas cuyo título, ‘de vicio’, ya lo dicen casi todo. Caseta de perro con rayos UVA y cosas así o quincalla ultratecnológica cuyo capricho cuesta lo que vale mantener a muchas familias de este mismo país. Como no quiero parecer embarazada me las salto por ahorrar el vómito matutino.

    Envíos.
    Al Jefe: con trabajillo y sonido dificultoso, contraviniendo mis normas autoimpuestas he oido hoy Herreraenlaonda. Decepción. Todos los jugadores chutaban conta la misma portería. Ya sabíamos que Umbral escribía bien, aunque no todo bueno y la Regás es una sectaria del carallo. El profesor Fanjul ha hablado con claridad, no sé si con acierto, de los turcos.
    A madame Sicard: Con cuarenta y veintialgo, una está muy mayor. No se tiene la edad del espíritu sino la de las coronarias. Y servidora acumula medio tomo de patología médica.

  2. Otro apagón de verano, otro día sin comentarios ocn el blog sesteando a pesar de la gracia con que lo abrió temprano miss Chorlita. Y eso que el tema es bien gracioso y tiene su miga dentro porque entra en ese apartado de sociología que ja cultiva referido a esos objetos tan poco académicos pero tan de la vida corriente. Espero que esto se anime.

  3. Buen tema, la publicidad de los famosos, es decir, la doble manipulaicón alienante realizada por los mercaderes. Los futbolistas ganan hoy más con la publicidad que con su deporte, pero eso es algo que no debe extrañarnos porque cosa parecida podría decirse de muchos científicos, políticos y en general de grandes profesionales a los que su fama les ofrece la oportunidad de explotar la mitomanía de las gentes.

  4. Me había dado cuenta de las gafitas de los peloteros, ahora que caigo, pero nunca se me hibiera ocurrido este enfoque crítico. ¿Ven por qué me asomo cada día a lo que escribe nuestro amigo? Había leído, por cierto, el artic. de Amón hijo desde París y me resultó muy divertido, pero esta reflexión que nos propone ja es decididamente más profunda.

  5. La muerte de Umbral pide un minuto de silencio más que comenatarios. Esta misma mañana, en “Herrera en la Onda” he escuchado al anfitrión de este blog poner las cosas en su sitio con su habitual buen tino, hablanbdo del lirismo de Umbral, la incapacidad de los “académicos” para entenderlo y valorarlo, y demás aspectos del personaje que se va. Una manera muy personal de entender la escritura de periódicos, la de Umbral, pero que ha hecho época, no cabe la más mínima duda. Otra cosa es que para algunos, la reflexión profunda tenga más atractivo y yo, como Pangloss, vengo aquí a diario (escriba o no) atraído por ella.

  6. Una pena. Hagámosle un duelo de labores y espetranzas, como quería el poeta. No pierdo la esperanza de leer algun retrato o perfil escrito por jagm, que lo conoció, según me consta, desde hace mucho.

  7. No estoy de acuerdo con estas valoraciones del desaparecido, ni con que su estilo (y “el estilo es el hombre”…) haya dañado tanto la prosa de muchos copiones entre los que afortunadamente no está nuestro culto y muy leído jagm. Sobre todo discrepo de la protesta, del propio jagm, sobre la exclusión terca de Umbral por parte de los Académicos (¿a que vienen esas comilas, don Rogelio?), puesto que Umbral sería, como dice y repite gm, un creador de lenguaje pero dudo de que pudiéramos haber hecho de él un conservador del mismo, y de eso es de lo que trata la Academia.

  8. Preciosa crítica de un fenómeno curioso, la publicidad de los famosos, en concreto la de estos adonis más o menos dopados.

  9. martes 18’15 h.

    Me horroriza la idea de tener un “académico” entre nosotros. ¿Quién lo ha ha cooptado, quién lo ha propuesto, quién lo ha votado? Umbral –lo ha dicho jagm esta mañana en la radio– era un “pura sangre” de este negocio de la escritura y eso es algo que sería raro que fuera del agrado de los “académicos”. (Yo también uso hoy las comillas don Reparo).

  10. Un momento para celebrar la estupenda crítica a la publicidad y el montaje de la fama. Crece usted y crecemos todos con su trabajo, amigo ja. Eso tiene que servirle de estímulo.

  11. Imagino el sentimiento de jagm, comociendo su extrema sensibilidad, y por eso le envío mi cordial pésame por el compañero (¿y amigo?) perdido. Con esa muerte perdemos mucho los lectores de periódicos que nos iniciamos en los años 70, pero al destino no hay quien pueda burlarlo. Umbral ha trabajado toda su vida mucho, a la vista ha estado, y ha llegado hasta el final con las botas puestas. No es mal balance si se considera que, encima, lo han disitnguido todo lo disitnguible, quízá demasiado, dicho sea con toto el respeto que exige un día como hoy.

  12. Gris ¿no tienes nada mejor que aportar? Hay viajes que mejor no emprender y este tuyo de hoy es uno de ellos.

  13. No ímagina a jagm tan “puesto” en la futbolística materia, pero no me ha sorprendido demasiado, aparte de admirar el palo a las propagandas que tanto parece detestar.

  14. Muy interesante el “motivo”, cazado al vuelo por la sagacidad de este observador nato, sociólogo de guardia, que nos favorece con su cercanía y su amistad. Es curioso que el deporte haya dado en negocio y el negocio vayan consistiendo más cada año que pasa en el mercadeo publicitariamente sostenido, vendiendo camisetas en China, en efecto, o gorras en África. gm hace un buen análisis cuando dice que el héroe se ha convertido en un icono. Es una pena pero el viejo concepto del deporte como competición leal –“caballeresca”– no volverá a repetirse.

  15. Esa “fotofija” de Audrey Hepburn ante Tiffany’s, querido josian, me salva hoy de mis negruras. Seguí con esta buena gente, seguí, compadre, que no sabés el bien que hacés.

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