No es ninguna novedad que en estos tiempos confusos se están prodigando por ahí versiones estrafalarias de la Biblia en las que le viejo texto sirve apenas de sostén de ocurrencias y percha de extravagancias. En una aparecida en Alemania no hace mucho tiempo se intentaba la “demotización” radical no sólo de la materia mítica sino del lenguaje textual hasta el extremo caricaturesco –fuertemente contestado por los cristianos de aquel país– de que en el prodigio de la Multiplicación no habrían sido panes sino hamburguesas (¡) el alimento que bastó para alimentar a la desfallecida muchedumbre. Pero ahora anda por ahí una nueva versión, elaborada en la Iglesia Evangélica de Nassau y Hesse por cuarenta y dos mujeres y diez varones, en la que lo que se propone es adaptar el texto sagrado al lenguaje “políticamente correcto” en cuanto se refiere a la eliminación de ciertos acentos utilizados por el antisemitismo y, en especial, en el intento de depurar toda la materia mítica de resonancias masculinas, sin excluir, sino todo lo contrario, la revisión de la naturaleza sexual del propio Dios. La idea de un Dios sin sexo o bisexuado no debe de extrañar para nada en una cultura que procede de civilizaciones basadas en el culto a la que Graves llamó “La diosa blanca” y que, por otra parte, tiene en la aceptación tácita del andrógino primordial su mejor argumento antropológico para oponerse a lo que, en cualquier caso, es una evidencia incontrovertible: que la idea de Dios presente en la Biblia es masculina sin más. No es el Dios de la Biblia, el de Israel –por muy cuestionable que esta idea siga siendo–, uno más entre los dioses de los pueblos vecinos que contraen nupcias con mortales y patrocinan en sus templos la prostitución sagrada, ni son concebibles en la teología fundamental del Antiguo Testamento las estacas baálicas clavadas en el suelo como hierogámico símbolo de la fecundación de la tierra, o aquella mística potencia de la lluvia fecundadora que entrevió magistralmente Buber. El Dios de la Biblia es macho, guste o no, como Astarté es hembra complazca o repugne. Los partidarios de la paridad extrema tienen en su mano algo tan sencillo como tirar la Biblia por la ventana. Reescribirla, en cambio, me da que no va a estar jamás a su alcance ni al de nadie.

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El nuevo texto lleva su idiocia al extremo de obviar la rotundidad del masculino que los diversos biblistas emplearon para referirse a Dios, hasta el punto ridículo de referirse a la divinidad como ‘Ella’ en lugar de Él, ‘la Eterna’ o ‘la Viviente’, saltando gratuitamente sobre la evidencia del sexo de un Dios que se califica con muchos epítetos pero ninguno tan frecuente como el de “Padre”. Léon-Dufour señaló con tino que la relación de la Biblia con su Dios se expresa precisamente en el empleo de esa simbólica sexual que viene a ser un vínculo entre lo sexual y lo sagrado, olvidado ya de las impurezas paganas. Y el apóstol Pablo –a quien alguna de esas redactoras tiene la osadía de “reescribir” con desmañado estilo y peor enjundia– no me parece desde luego el autor idóneo para enmendar esa plana con criterio “de género”, no sólo porque lo que escribió sobre la mujer escrito está, sino porque, al fin y al cabo, él fue quien dijo lo más revolucionario de todo cuando explicó (Gálatas, 3,28) que, en la nueva era cristiana, “ya no hay hombre ni mujer”. Por lo visto esta cosa fenomenal tendría su base y justificación en lo que los reformistas llaman “lenguaje incluyente” que es eso de embarbascarse en el epiceno buscando una voz (en alemán, ‘Kind’) que designa igual al niño que a la niña, como si en el viejo texto no estuviera paladinamente clara la distinción del sexo de los hijos. Dicen que se han vendido ya dos ediciones de ese engendro. Los patriarcas deben de haberse revuelto en sus tumbas fulminados por la inconcebible irrupción del capricho y la moda en la más rancia tradición.

8 Comentarios

  1. Vuelve ja por sus fueros y l hace con cultura y gracia sobradas. Mi creador Arouet se divertiría mucho con este tío capaz de pulverizar a tontos y vulgarizadores sin despeinarse.

  2. No es mala la idea de tirar el Libro por la ventana. No sé si existe algún dios pero en el que no pude seguir creyendo hace centurias es en el del llamado pueblo elegido -una punta de cabreros- cuya lengua no tenía femenino para palabras como justo o piadoso. (El reportaje de ‘Crónica’ de EM del domingo sobre los ultraortodoxos de Jerusalem es meridiano).

    La dudosa fecundidad de un universo, y en él, de un planetilla en que surgió el prión hasta llegar al chimpancé macho alfa, no pudo ser fruto sino de una diosa. Y Lucy, la abuela australopiteca era hembra. Me inclino por la remota e improbable existencia de un dios negrA.

  3. Lo divertido no tiene por qué ser cierto, ni justo. En este caso, el comentario de sor Insípida le hace flaco favor a su bien ganada fama.

  4. Es que el tema puede tratarse con tacto pero no a trastazos. GM lo hace bien en la columna, nuestra amiga, contra la que reacciona ese prof que presumo nada religioso, no tanto.

  5. La columna se centra en el disparate “de género” más que nada y en ese sentido debería recibri comentarios. ¿La Biblia arrojanble por la ventana? Bueno, amigos, esa licencia de gm se explica en el contexto y en su estilo aparte de que en absoluto la pronuncia como opinión propia. Ojo con los temas religiosos, que no está el horno para bollos.
    En una ocasión escuché a gm enfrentrrase con un comnferenciante que afirmó en público que la Biblia era un centón de cuentecillos y consejas. Naturalmente una actitud como la suya no necesita encomio, porque se elogia por sí sola.

  6. La Biblia, pero ¿qué Biblia? Hay en ella de todo, desde cuentecillos, en efecto, como del de Jonás y la ballena, a sapienciales formidables. ¿Es que los Psalmos no valen la pena? Está bien insistir en que, de cualquier modo, lo que jagm pretende con su column a no es cuestionar la Biblia ni defenderla sino evidencia hasta dónde puede llegar y está llegando la estupidez humana.

  7. Hay una serie de preguntas que he renunciado a hacerme: las de ¿de dónde venimos, era machorrilla Mafalda, qué será el infinito, existirá la verdad absoluta, se van los peques a la cama cuando lo dicen los lunnis…? Empápense de religiosidad, fervor popular, devoción en las calles y liturgia en estos días venideros y luego me lo cuentan, por fa. Es que a mí me da la risa. Sé perfectamente que hoy digo cosas que no gustan, pero no siempre está la magdalena para tafetanes.

    (Totalmente fuera de contexto: Compro EM de papel tres días a la semana, ya saben lo del Kurturá, la Dona y el Magazine. Cuando estoy en Vandalucía disfruto como una persona de talla baja los sábados con mi don V., los domingos con la página de mi don Rosell. Los demás días lo leo en la pantallita de pago. Pero tras echar hoy un vistazo al supercolorín de los premios, las páginas 7, 16 y de 40 a 46 son una aberración no permisible. Si observan a las modelos de 1,80 con inexistencia de masa muscular en las cañas que les simulan brazos o piernas, convendrán conmigo que de poco vale que la empresa lance una revista sobre la salud. Pueden causar más muertes que los asesinos del norte. Curiosamente solo hay una pa´gina de publicidad de una bebida alcohólica. ¿No era la expresión ‘sepulcros blanqueados’ la que acuñó el Cristo? Tienen mi palabra de que no volveré a gastarme mis euros en esa bazofia.)

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