La curiosa iniciativa lanzada desde al Ayuntamiento sevillano animando a contribuir en una colecta para comprar el lienzo de Velásquez “Santa Rufina” que subastará la casa Sothesby’s en julio ha levantado no pocas protestas entre quienes creen, con sobrada razón, que al contribuyente no se le puede exprimir dos veces, una vía impuestos y otra vía voluntaria. Es lógica obligación de las instituciones, de la Junta en este caso, no permitir que esas obras de arte se anden diseminando por el mundo, peor no se comprende por qué el razonable proyecto de impedir esa dispersión comprándolas de una vez por todas, ha de endosarse a la voluntad pública, como si no estuviéramos al cabo de la calle del gasto suntuario que despilfarran esas instituciones, empezando por la que convoca la colecta. Limosnear con un objetivo tan serio como es recuperar al arte perdido resulta de lo menos serio que pueda pensarse. Sólo con pasajes y dietas de cargos y carguetes de ese Ayuntamiento estaba aquí la Santa Rufina hace la intemerata. 

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