El dinero público –ése que “no es de nadie”, ya saben— se derrocha hasta límites difícilmente imaginables. ¿O cabe imaginar que una ex-consejera reciclada en mandamás de una empresa pública, gaste en viajes y sobresueldos ¡más de 200.000 euros! en cinco años, o que un subordinado suyo –en plan Marco Polo– haya volado a Venecia, Dubrovsnik, Nueva York, Marruecos, Alemania, Zurich y Grenoble a cuenta del contribuyente? Pues de momento, ni la Fiscalía ni la Cámara de Cuentas parecen imaginarlo y hasta esta nueva Junta de guante blanco promete eventuales “consecuencias” que ya verán ustedes como finalmente se quedan en nada. Viajes, sobresueldos, “atenciones” (sic) ¡y hasta burdeles! pagan  por la cara algunos junteros. El abuso y la corrupción se han convertido en un fastuoso modo de vida para no pocos de esos “gestores” de lo público que campan por sus respetos en el balneario de la autonomía.

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