Se multiplican las reclamaciones desde los Ayuntamientos, que quieren más dinero, mejor financiación por parte del Estado y llevan, en buena medida, razón. Convendría, sin embargo, una reordenación seria de las competencias antes de proceder al reparto, un plan de actividades y gastos que no duplicara las funciones como ahora se viene haciendo. Los Ayuntamientos se arruinan, en parte, por atender funciones sociales que no les corresponden y deben entender, además, que durante la crisis todos, incluso ellos, tendremos que apretarnos el cinturón. Más lógica vendría que se atendiera a la también creciente demanda de que se amorticen las Diputaciones, auténticos “colocaderos” de clientes partidistas, pero que carecen en plena autonomía, como tal administración periférica, de todo sentido. La crisis podría ser la ocasión de arreglar mucho desarreglo, una posibilidad sobre la que no albergo la menor esperanza.

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